Siete maneras de arder por Alejandra Cortina

Joaquín Sorolla, el mago de la luz

Escrito por Elena Cué
Publicado: 13 Octubre 2026

Con motivo de la exposición que ha acogido la bucólica ciudad de Toulouse del artista valenciano, celebramos la figura del pintor que mejor supo captar la luz y el instante a orillas del Mediterráneo.

 

Joaquin Sorolla, Paseo a orillas del mar, 1909

Joaquín Sorolla, Paseo a orillas del mar, 1909. Óleo sobre lienzo, 205 × 200 cm. Museo Sorolla, Madrid (inv. MS 834). En el cuadro aparecen su mujer, Clotilde García, y su hija mayor, María Clotilde, en la playa de Valencia.

 

La Colección Bemberg de Toulouse, en colaboración con el Museo Sorolla, nos ha invitado a entrar en la intimidad de la pintura universal de Joaquín Sorolla (1863-1923) y en su virtuosismo lumínico. El título de la exposición, Sorolla. Maestro de la luz, manifiesta el elemento protagonista que define sus marinas, jardines y retratos.

La excepcionalidad de esta muestra radicó en el conjunto de obras que se escogieron, todas ellas procedentes de la colección privada que albergaba el pintor en su casa de Madrid. Aquellas obras de las que el pintor valenciano no se quiso desprender, las mismas que escogió para acompañarle en su entorno familiar. Esta casa museo se puede visitar hoy en día gracias a la generosidad de su viuda Clotilde García del Castillo y del refinado cuidado de su legado por parte de su bisnieta Blanca Pons Sorolla.

 

Joaquin Sorolla, Clotilde en la playa, 1904

Joaquín Sorolla, Clotilde en la playa, Valencia, 1904. Museo Sorolla, Madrid (inv. MS 670).

 

La exposición de Toulouse se convirtió así en una de las mejores del verano, y reflejó la obsesión del pintor por atrapar la luz de un instante, como si de una fotografía se tratase. Este lugar adquiere un significado especial por la vinculación de Sorolla con Francia, el país que le brindó el reconocimiento decisivo y que impulsó su proyección internacional.

Al igual que hicieron los impresionistas franceses, Sorolla convirtió el aire libre en su particular estudio. Pero a diferencia de ellos, que exploraban y captaban los cambios de la luz y el movimiento con inmediatez, Sorolla fue un paso más allá, convirtiendo la luminosidad en un elemento identitario y emocional característico e inconfundible de su obra, consagrándole como el «pintor de la luz».

 

Joaquin Sorolla, Clotilde bajo el toldo, Biarritz, 1906

Joaquín Sorolla, Clotilde bajo el toldo, Biarritz, verano de 1906. Óleo sobre lienzo, 62 × 93 cm. Museo Sorolla, Madrid (inv. MS 774).

 

Pero, para entender la modernidad de su pintura en su capacidad para captar lo efímero del instante en un lienzo, como el brillo del mar, el movimiento de las figuras y sus ropajes o la variación de la luz a lo largo del día, debemos contextualizarlo en una época en la que la aparición de la fotografía transformó la mirada de los artistas de la segunda mitad del siglo XIX. La fotografía moderna se presentó oficialmente en 1839, gracias al procedimiento desarrollado por Louis Daguerre. El daguerrotipo, que así se llamaba el primer sistema fotográfico que permitía captar las imágenes con una precisión nunca antes experimentada, cambió la manera de mirar de los artistas y despertó un interés por atrapar el instante que define muy bien la pintura de Sorolla. La relación del pintor con la fotografía también fue personal, ya que su suegro, Antonio García Peris, contribuyó a esa nueva forma de mirar: fue uno de los fotógrafos más prestigiosos de Valencia de finales del siglo XIX.

 

Joaquin Sorolla, Autorretrato, 1900

Joaquín Sorolla, Autorretrato, 12 de diciembre de 1900. Óleo sobre lienzo, 91,5 × 72,5 cm. Museo Sorolla, Madrid (inv. MS 482).

 

Pero, sin duda, el tema central del imaginario de Sorolla fue el Mediterráneo, con sus playas luminosas, sus arenas doradas, el mar centelleante y vibrante, los niños y las elegantes figuras paseando por la orilla impregnadas de cromatismo y luminosidad. Pero también retrató las escenas cotidianas de sus gentes, especialmente los pescadores faenando con sus redes y las barcas de velas hinchadas por el viento.

En Sorolla. Maestro de la luz se encontraba todo esto, pero además sus extraordinarios bocetos, demasiado brillantes para considerarlos un sencillo apunte preparatorio de la obra. Completaban el recorrido los retratos, que tenían también un lugar destacado.

 

Joaquin Sorolla, Maria en el jardin de La Granja, 1907

Joaquín Sorolla, María en el jardín de La Granja de San Ildefonso, verano de 1907. Óleo sobre lienzo, 56 × 89 cm. Museo Sorolla, Madrid (inv. MS 796).

 

Junto a los encargos de la alta sociedad, que consolidaron su prestigio internacional, la exposición reunió los retratos de la intimidad familiar con retratos de su esposa Clotilde y de sus hijos, como Madre, pintada tras el nacimiento de su hija Elena. Se trata de una pintura que emociona por la belleza y ternura que desprende, con una paleta reducida a todos los matices del blanco. La muestra concluía con los jardines que rodeaban su casa-taller de Madrid, inspirados en la Alhambra de Granada y el Alcázar de Sevilla, donde la armonía y la serenidad se perciben en las fuentes, la vegetación y los reflejos del agua.

 

Joaquin Sorolla, Madre, hacia 1895-1901

Joaquín Sorolla, Madre, Valencia y Madrid, hacia 1895-1901. Óleo sobre lienzo, 125 × 169 cm. Museo Sorolla, Madrid (inv. MS 324).

 

En época estival, más que una retrospectiva, Sorolla. Maestro de la luz fue una invitación a la vida contemplativa y a descubrir la belleza de lo cotidiano.

 

Sorolla. Maestro de la luz
Fondation Bemberg, Hôtel d’Assézat. Toulouse
Del 30 de abril al 13 de septiembre de 2026

 

– Joaquín Sorolla, el mago de la luz –                                – Alejandra de Argos –