Siete maneras de arder por Alejandra Cortina

Frida Kahlo: la obra soy yo

Escrito por Elena Cué
Publicado: 19 Octubre 2026

La exposición con la que la Tate Modern celebra a la icónica e influyente artista mexicana recupera un fenómeno en torno a su figura que, en realidad, nunca se fue: la fridamanía.

 

Frida Kahlo, Autorretrato con collar de espinas y colibri, 1940

Frida Kahlo, Autorretrato con collar de espinas y colibrí, 1940, una de las obras reunidas en la Tate Modern.

 

La fridamanía ha llegado a Londres. Una de las exposiciones de la temporada que, sin duda, está despertando gran interés y récords de visitas es Frida: La construcción de un icono. La Tate Modern de Londres ha desplegado en sus salas más de 30 pinturas de la artista mexicana Frida Kahlo, una mujer que rompió con los convencionalismos de su tiempo y cuya imagen se ha convertido en un icono cultural. La exposición se completa con obras de artistas de distintas generaciones, a los que inspiró la obra y la figura de Frida Kahlo.

 

Vestido de tehuana de Frida Kahlo en la exposicion de la Tate Modern

Junto a las pinturas, la exposición reúne los vestidos, las joyas y los objetos personales con los que Frida Kahlo construyó su imagen. Foto: jacquemart (CC0).

 

Pero, ¿qué ha sucedido para que Frida Kahlo se haya convertido en un fenómeno cultural de tal magnitud?

Frida Kahlo nació en Coyoacán, a las afueras de Ciudad de México, en 1907. Su vida comenzó marcada por la fragilidad física que la acompañaría siempre. La poliomielitis que padeció de niña le dejó secuelas en una pierna, pero el accidente que sufrió con apenas dieciocho años cambió dramáticamente su vida. Esa tarde de septiembre, un tranvía embistió violentamente el autobús en el que viajaba, fracturándole la columna, las costillas, las piernas y la pelvis, y su cuerpo fue atravesado por una barra metálica. Este hecho desvió su destino como futura estudiante de Medicina, pero no menguó su brillantez, su curiosidad, ni su rebeldía. Y tampoco disminuyó la férrea voluntad que la permitió salir adelante.

 

Frida Kahlo en 1919, fotografiada por Guillermo Kahlo

Frida Kahlo retratada por su padre, el fotógrafo Guillermo Kahlo, el 15 de junio de 1919.

 

El caballete y el espejo

Tras el accidente, Frida permaneció inmovilizada cerca de tres meses con un corsé de yeso en su dormitorio de la Casa Azul. Gracias a que su padre construyó para ella un caballete adaptado para que pudiera pintar y su madre colocó un espejo sobre el dosel de su cama, Frida sobrevivió iniciando una disciplina que acabaría convirtiéndose en una verdadera vocación, la de pintora. Y el reflejo de aquel espejo encontraría su mundo, a ella misma. Transformó como una alquimista el dolor en belleza y el reflejo de aquel espejo en una de las voces más poderosas de la historia del arte.

 

Frida Kahlo, Autorretrato con traje de terciopelo, 1926

Frida Kahlo, Autorretrato con traje de terciopelo, 1926. Es el primero de sus autorretratos, pintado durante la convalecencia del accidente.

 

«Me pinto a mí misma porque soy a quien mejor conozco». Esta frase, que escribiría años después, condensa la esencia de su pintura y de sus crudos autorretratos, como si de un diario íntimo se tratara. Sus cuadros, carentes de idealización, comunican a través del poder de la imagen todo el dolor y el sufrimiento, todo el amor y la pérdida que conforman su identidad. Todos reconocemos el lenguaje simbólico de sus cuadros, pues su realidad no es siempre literal, sino que se abre a múltiples significados vitales. Por ello, André Breton, padre del surrealismo, la relacionó con este movimiento, pero Frida no se sentía cómoda con esta etiqueta: «Nunca pinté sueños. Pinté mi propia realidad».

Su producción fue relativamente pequeña, alrededor de ciento cincuenta pinturas. Estos cuadros profundamente personales transmiten una multiplicidad de emociones fácilmente reconocibles y accesibles al espectador. El imaginario de columnas rotas, los corsés o las heridas expresan el dolor físico y emocional del cuerpo. Los monos, colibríes o los perros xoloitzcuintles, patrimonio cultural y símbolo de la Ciudad de México, así como las plantas, flores y raíces como símbolo de la vida, la fertilidad y la muerte, pero también la renovación de la naturaleza, adquieren una pluralidad de significados.

 

Frida Kahlo, Recuerdo (El corazon), 1937

Frida Kahlo, Recuerdo (El corazón), 1937. Los objetos que atraviesan el cuerpo y el corazón arrancado recorren buena parte de su pintura.

 

Un matrimonio entre dos titanes

No podemos dejar de hablar de la relación de Frida con Diego Rivera, el muralista más importante de México. Cuando Frida recuperó parte de la movilidad de su cuerpo decidió enseñar sus cuadros y pedir la opinión a uno de los grandes artistas del momento, como era Diego Rivera. Estaba trabajando subido a un andamio y le pidió que bajara para decirle si sus obras tenían talento o si debía abandonar la pintura. La impresión que le produjeron sus cuadros, tan originales y poderosos, es de sobra conocida. La admiración hizo que comenzara una de las historias de amor más singulares y fascinantes entre dos grandes de la pintura del siglo XX. Este matrimonio entre dos titanes, pasionales e idealistas políticos, no escaparía a las infidelidades, las separaciones y reconciliaciones, produciendo una relación tan intensa como tormentosa.

 

Frida Kahlo y Diego Rivera fotografiados por Carl Van Vechten en 1932

Frida Kahlo, entre Malú Block y Diego Rivera, en un retrato de Carl Van Vechten de marzo de 1932.

 

Frida Kahlo fue, ante todo, una mujer moderna, intelectual y de identidad compleja, que reivindicó sus raíces y su sangre mexicana construyendo una imagen tan deliberada como auténtica. Los vestidos de tehuana, las joyas indígenas o sus cejas unidas no fueron un disfraz, sino una forma de pensar y de habitar el mundo. Su mayor obra quizá no fue solo la pintura, sino haber convertido su propia identidad en un acto de creación. Por eso Frida sigue siendo contemporánea, porque comprendió que una vida también podía ser una obra de arte.

 

Frida Kahlo junto a un agave, fotografiada por Toni Frissell en 1937

Frida Kahlo fotografiada junto a un agave por Toni Frissell en 1937.

 

 

Frida: La construcción de un icono
Tate Modern. Bankside, Londres
Del 25 de junio de 2026 al 3 de enero de 2027

 

– Frida Kahlo: la obra soy yo –                                – Alejandra de Argos –