Siete maneras de arder por Alejandra Cortina

El canto hechicero de las magas Sirenas

Escrito por Elena Cué
Publicado: 12 Agosto 2026

El Museo Arqueológico Nacional de Nápoles ha dedicado una gran exposición a Parténope, la sirena que según la leyenda fundó la ciudad: cerca de 250 obras, del siglo VIII a. C. hasta hoy, recorrieron la metamorfosis de estas criaturas legendarias, de temibles mujeres pájaro a seductoras con cola de pez. Un viaje por el mito desde el canto que Odiseo escuchó atado al mástil hasta la Sirenita de Walt Disney.

 

John William Waterhouse, La sirena, 1900

John William Waterhouse, La sirena, 1900. Óleo sobre lienzo, 81 × 53 cm. Colección particular.

 

Cuenta la leyenda que la ciudad de Nápoles fue fundada en el siglo VIII a. C. por la sirena Parténope, figura mítica vinculada a los orígenes griegos de la ciudad, de quien tomó su nombre originario. Según la tradición, su cuerpo fue enterrado en la playa de la actual zona napolitana de Pizzofalcone. Hace dos años, el director de cine italiano Paolo Sorrentino estrenó la película Parthenope, ambientada en Nápoles, en la que recupera el mito antiguo como símbolo, o quizás como metáfora, de la melancolía, la belleza, el deseo y el paso del tiempo, en una reflexión poética sobre la condición humana tan habitual en la filmografía sorrentina.

 

Parténope, la sirena de Nápoles, en un grabado de 1833

La sirena Parténope de Nápoles. Grabado del Nuovo Dizionario Geografico Universale, 1833. British Library, Londres.

 

Y en esta ciudad ha podido visitarse, hasta el 6 de julio, la exposición Parténope. La Sirena y la ciudad en el Museo Arqueológico Nacional. Esta extraordinaria muestra recorría la historia y la evolución del mito y la iconografía de la sirena desde el siglo VIII a. C. hasta nuestros días a través de cerca de 250 obras.

La exposición nos permitió descubrir, mediante objetos arqueológicos y piezas artísticas de distintas épocas, la metamorfosis de estas criaturas legendarias. Desde su representación primitiva, peligrosas y seductoras, como seres híbridos con cuerpos de ave y cabezas femeninas, hasta la imagen actual, más protectora y benévola de la sirena con cola de pez.

 

Ulises y las sirenas, de John William Waterhouse, 1891

John William Waterhouse, Ulises y las sirenas, 1891. Óleo sobre lienzo, 100,6 × 202 cm. National Gallery of Victoria, Melbourne.

 

Las sirenas son mencionadas por primera vez en el poemario épico la Odisea de Homero, pero no se cita ningún nombre de estas magas o genios marinos, mitad mujer y mitad ave. En el Canto XII, dedicado al regreso del héroe Odiseo (Ulises en la tradición latina) desde la guerra de Troya hasta la llegada a su hogar, junto a su mujer Penélope y su hijo Telémaco, en la isla de Ítaca, el nombre de Parténope no aparece en él porque no se nombra a las sirenas. Aparecerá en posteriores versiones sobre la leyenda de Odiseo.

 

Odiseo atado al mástil ante las sirenas, estamno ático

Odiseo y las sirenas. Detalle de un estamno ático de figuras rojas atribuido al Pintor de las Sirenas, h. 480-470 a. C., procedente de Vulci. British Museum, Londres.

 

¿Por qué era tan peligroso el seductor canto de las sirenas?

En el Canto XII de la Odisea, Circe, «la diosa entre las diosas», muestra a Odiseo y a sus hombres la ruta y los cuidados que deben tomar para evitar los peligros en su retorno a Ítaca. Les advierte: «Lo primero que encuentres en ruta serán las Sirenas, que a los hombres hechizan venidos allá. Quien incauto se les llega y escucha su voz, nunca más de regreso el país de sus padres verá ni a la esposa querida ni a los tiernos hijuelos, que en torno le alegren el alma…». Para evitar el canto fascinante de las sirenas y escapar a un destino al mundo de los muertos, Circe recomienda que los hombres se tapen los oídos con cera y que amarren con fuerza a Odiseo al mástil de la nave. De este modo, podrá escuchar el canto de las dos sirenas, sin sucumbir a él ni arrojarse hacia ellas.

Circe le cuenta que la única nave que consiguió sobrevivir a aquella travesía, territorio de las Sirenas, fue la célebre Argo, a bordo de la cual iban Jasón y los argonautas en busca del vellocino de oro. Orfeo venció el canto de las sirenas y salvó a los argonautas cantando y tocando su música.

De esta escena pudieron verse piezas como la cerámica ática de figuras negras Enócoe con Odiseo y las sirenas (525-500 a. C.) o el alabastro de la Urna volterrana con Odiseo y las sirenas del siglo II a. C.

 

Enócoe ática de figuras negras con Odiseo y las sirenas

Enócoe ática de figuras negras con Odiseo resistiendo el canto de las sirenas, 525-500 a. C. Altes Museum, Berlín. Foto: Carole Raddato (CC BY-SA 2.0).

 

 

Urna volterrana de alabastro con Odiseo y las sirenas

Urna cineraria etrusca de alabastro con Ulises y las sirenas. Museo Etrusco Guarnacci, Volterra. Foto: Ymblanter (CC BY-SA 4.0).

 

También se encontraba allí la cerámica Anforeta con sirenas, gallos y motivos florales (550-500 a. C.), donde se puede apreciar la imagen de las sirenas áticas.

 

Anforeta corintia con sirenas y frisos de animales

Anforeta corintia con sirenas y frisos de animales, h. 600-575 a. C., procedente de Corinto. Museo del Louvre, París. Foto: Loïc Evanno (CC BY 2.5).

 

Como nos dice el gran experto helenista y catedrático en Filología griega Carlos García Gual (Palma de Mallorca, 1943) en su libro Sirenas. Seducciones y metamorfosis (Turner Noema), ningún autor nos ha contado qué cantaban las sirenas. «Con sus encantos femeninos, las sirenas querían detener al viajero y le invitaban al goce, a un placer inigualable, infinito, arriesgado, pues el goce o el amor se pagaba con una muerte de dudoso deleite».

La metamorfosis de las sirenas ha llegado a nuestros días en la fantasía popular, con su cola de pez, como criaturas atractivas, seductoras y enamoradizas. Su figura ha permanecido en el imaginario colectivo hasta la Sirenita de Walt Disney, de una forma más benévola y alegre.

 

Ulises y las sirenas, de Herbert James Draper, 1909

Herbert James Draper, Ulises y las sirenas, 1909. Óleo sobre lienzo. Ferens Art Gallery, Hull.

 

 

Parténope. La Sirena y la ciudad
Museo Arqueológico Nacional de Nápoles (MANN)
Piazza Museo 19, Nápoles
Del 3 de abril al 6 de julio de 2026

 

– El canto hechicero de las magas Sirenas –                                – Alejandra de Argos –

 

Alejandra de Argos
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