Alejandra de Argos por Elena Cue

Javier Santiso y Lita Cabellut recrean a Camarón desde las entrañas

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El libro “El sabor a sangre no se me quita de la voz”, escrito por Santiso e ilustrado por Cabellut, resucita al gran artista del cante en una profunda ficción poética.

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Cubierta del libro “El sabor a sangre no se me quita de la voz”, de Javier Santiso. Ilustraciones de Rita Cabellut. Editorial La Huerta Grande, 2022

 

El título del último libro escrito por Javier Santiso e ilustrado por Lita Cabellut se inspira en una frase del pintor Francis Bacon: “el olor a sangre no se me quita de los ojos”. Esta obra incalificable y deslumbrante hace suya la voz del gran Camarón de la Isla y la refleja en forma de prosa poética, un formato literario en el que Javier Santiso se desenvuelve como pez en el agua. El texto, un torrente de ideas, sensaciones e imágenes visuales, encuentra su contrapunto en los magníficos retratos de Camarón realizados por Cabellut, que salpican las páginas ilustrando el texto con toda la potencia a la que la pintora nos tiene acostumbrados. El primer capítulo nos sumerge de lleno en la cabeza del artista del cante: en forma de monólogo interior, con frases separadas tan solo por comas, el propio Camarón nos traslada a su pueblo natal, en el que vivió su infancia. Es una auténtica inmersión en la que vemos con nuestros propios ojos (los ojos de la mente) las casas, el mercadillo, las mujeres, el campo y las "canalladas" de la infancia y la juventud de José Monje Cruz. A través del discurso en primera persona que le otorga Javier Santiso, somos testigos en primera fila de cómo Camarón descubre la capacidad de su voz, la arranca de las entrañas y la utiliza como arma. Como puños con los que golpear a la vida.

 

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Ilustración del libro realizada por Rita Cabellut.

 

Al igual que la desgarrada voz del artista, el verbo de Santiso sale directamente del alma. Las palabras se desencadenan sin freno y se estructuran para crear imágenes tan poéticas como oníricas, que al mismo tiempo describen una realidad perfectamente comprensible. Pero este libro no se entiende al completo sin las ilustraciones de Lita Cabellut, retratos de momentos de Camarón en escena que vibran gracias a la pincelada de la artista. Son realistas y reconocibles, y recogen la esencia profunda del arte del cantaor y de su lucha interior. Al mismo tiempo, las imágenes despliegan una libertad creativa que las aleja del realismo más canónico y encorsetado: los bordes se difuminan, los fondos se craquelan y el detalle se convierte en sugerencia. Es como si las palabras del escritor y la voz del artista las hicieran vibrar y cobrar vida, creando entre los tres un libro que es un placer para los sentidos. Un libro que describe así el arte del gran José Monje: “con una herradura al vivo, quemando todavía en la garganta, me quedo con el cuerpo en tierra, caído desde otro planeta, por la ventana entra el aire fresco de la mañana, el cobre del día, tengo los ojos abiertos, como si fueran granadas, y entonces, lo sé, el tiempo nunca envejecerá, mientras siga cantando así, la muerte nunca podrá atraparme”.