Siete maneras de arder por Alejandra Cortina

Entrevista a José María Cano

Escrito por Elena Cué
Publicado: 21 Abril 2016

ELENA CUE JOSE MARIA CANO

 

 

Después de una carrera de éxito musical como miembro del grupo Mecano, a principios de los años 90 dedicó cinco años a componer una ópera, Luna. Y desde hace 15 años su expresión artística se ha centrado en la pintura. ¿Cuál de estas artes cree que transmite con más fuerza los sentimientos y el pensamiento?

 

Utiliza diferentes técnicas como óleo y resina, la encáustica o pigmentos que mezcla con distintos aglutinantes. ¿Qué le hizo inclinarse por ellas en detrimento de otras? 

 

¿Cómo influyeron los años que estudió arquitectura en la destreza de su dibujo o pintura?

 

Sus retratos en primer plano me parece que tienen un sello muy británico, como los de la escuela de Londres. ¿Qué opina? ¿Cómo le ha influido artísticamente llevar viviendo en Londres 25 años?

 

Conocedor en profundidad del arte contemporáneo y la estructura social que lo sostiene. ¿Con que criterio ha conformado la colección de arte tan excepcional que posee?

En su serie de cuadros en los que utiliza la cera, se centra en temas actuales como la defensa de los derechos humanos, el capitalismo, la prostitución… ¿Utiliza su arte como denuncia?

Ha creado una serie de toros, tema muy español. ¿Que importancia le da a sus raices?

 

Sus últimas exposiciones han sido en el Museo de Arte CAFA de Beijing, en China, donde se han exhibido 200 obras suyas con el título de Diferencias y Similitudes entre la Realidad y la Verdad. ¿Podría hablarme de esta amplia muestra? ¿Por qué eligió ese título?

Una est en Lin & Lin Gallery, en Taipei

 

 

 

Acaba de exponer en el Museo de Arte CAFA de Beijing, en China, donde se han exhibido 200 obras suyas bajo el título de «Diferencias y Similitudes entre la Realidad y la Verdad». ¿Podría hablarme de esta amplia muestra? 

 

Cafa es el museo de la universidad de bellas artes de Beijing. Generalmente lo que allí se expone tiene un interés técnico que puedan orientar a los estudiantes o involucra destreza manual. Wang Huangsheng (director del museo), conocía mis cuadros de encáustica pero cuando visitó mi estudio en Londres se mostró muy interesado en los distintos desarrollos materiales de mis series y me pidió hacer una exposición más amplia con distintas vertientes técnicas: cera, la resina, el oleo,el acrílico o la tinta en obras sobre lienzo y papel. Terminó colgando más de 212 cuadros. Yo quedé muy satisfecho porque hasta la fecha los museos en general tendían a exponer mis cuadros de cera sobre temas económicos que son sólo la mitad de mi discurso. Y sentía que la comunicación de mi obra estaba hemipléjica. En esta exposición han quedado bien balanceada la dicotomía conceptual que mi trabajo propone, que no es otra que la que conforma mi persona y la humanidad. No es que mi trabajo tenga dos distintas vertientes, es que pinto la dualidad.

 

¿Por eso eligió ese título?

 

Cierto. La muestra era una retrospectiva de 15 años de trabajo. Así que buscamos un nombre genérico: Diferencias y similitudes entre lo real y lo verdadero.

 

Ese título, que a la gente le resulta equivoco, es el leitmotiv de mi trabajo. El estribillo de mis canciones de hoy. A mis ojos la yuxtaposición de lo real y lo verdadero delinea el contorno del ser humano. Como dos pergaminos que completan el mapa de la cueva del tesoro al superponerse. 

 

Mis cuadros, aunque en apariencia ofrezcan una materialización dispar, deambulan siempre por esa senda tan desequilibrante. Es más una baranda que una senda. Una verja de metal por la que sólo se pude caminar ritmicamente con los pies enfilados pisando puntas lanceadas equidistantes. Como un funambulista-faquir que utilizase el pincel como barra de balance. Como cuando era pequeño. Subirse donde nadie se sube. Para nada y sin intención de ir a ningún lado. Para ver el mundo desde allí. No porque es más arriesgado sino porque está más alto. “Ve mejor el sol un águila sola que un ejercito de lechuzas” que decía el padre Feijó. Caminar siguiendo al sol y luego a la luna y luego al sol y pararse si no hay luna. Nada me seduce más que la luna de verano o el sol de invierno. Con los ojos abiertos o cerrados. 

 

Cualquiera que le oiga pensaría que lleva usted una vida muy relajada y obviamente no es el caso…

 

Y no se equivocaría del todo porque yo trabajo por expresión y mas que trabajo siento que voy al baño y enmarco el resultado. Como los botes de mierda del artista de Manzoni. Ya la cera con la que tanto gusto pintar es excremento de las abejas. 

 

“y no se si seré sensato, lo que se es que me cuesta un rato hacer cosas sin querer”, que decía vd en una canción en su juventud…

 

Lo que antes me costaba ahora me es del todo imposible. Supongo que esa es la diferencia entre un artista y el que no lo es. El artista que no lo es va buscando una marca que lo identifique. El que lo es hace y hace de forma poco intencionada pero consecuente con lo inmediatamente anterior. Si no paras pero evitas tener metas o deseos concreto empiezas a crecer sin darte cuenta. Lo hacen los arboles que son verdes pero no tontos, y no se puede decir que les haya ido mal. Caminar a donde quiera que sea con viveza pasos cortos y silenciosos pero certeros e intencionados no importa donde te lleven tus pies porque allí estarás bien.

 

Es cierto que se mueve usted entre dos mundos casi opuestos. Por un lado sus cuadros sobre cartas de su divorcio, periódicos o economía y por otro lado sus cuadros que tienen una orientación espiritual que en arte de hoy resulta casi obscena como su serie de apóstoles o sus cuadros sobre la luna. “Entre el cielo y el suelo” que decía también su canción.

 

Esa forma fronteriza de entender la vida me lleva a pintar cuadros a ambos lados del rio. En una orilla mancho la ropa y en la otra la lavo. El ser humano es una mezcla de materia y espíritu que en el pasado se forma agotadora y constante dandole sentido y siendo el motor de la civilización. Y estaba bien así. A Lutero le molestó esta dualidad y montó el protestantismo de gran éxito en países fríos. Los sureños nos arreglábamos razonablemente bien con este batiburrillo y ahí tiene Vd la poesía del siglo de oro. Ahora hemos resuelto el problema extirpándonos la parte espiritual. Vivir así es más cómodo, pero no sirve pa na. Además no creo que sea imposible con la edad y un poco de autocondescendencia armonizar esos dos mundos en nuestra persona. Pero como las obra de arte tienen que ser esenciales. Así que casi sin darme cuenta voy de lo espiritual a lo material como el que va poniendo ladrillos y cemento y pasa la paleta por la rebaba sobrante. Como el que construye una pared en la que está subido.

 

¿Piensa que eso se encaja con el discurso actual del arte contemporáneo?

 

No del todo. El arte de hoy requiere de provocación, política, aburrimiento u oquedad para ser motivo de consideración por sus zoilos y sus muchos beneficiarios. Entre los que dicho sea de paso, me encuentro. Mi pintura carece de esas cuatro características esenciales del arte actual. De forma que no le voy a negar que mi camino es un tanto solitario. Menos mal que mi galería es para francotiradores. Supongo que por eso se llama Riflemaker. Decía Platón que “el nombre es arquetipo de la cosa”.

 

Riflemaker es una galería gorumet. Todo los artistas quiere exponer ahí porque lo que allí se expone recibe una atención muy especial. Su última exposición allí fue la exposición de la semana en la revista The Week durante de Frieze. ¿Por qué cree que la galería escogió su trabajo en una semana tan especialusted que es uno de los pocos pintores que consiguen hacerlo? ¿Máxime durante la feria de arte que es cuando todos los artistas querrían exponer?

 

Riflemaker son Tot Taylor y Virginia Damtsa. Tot lleva la parte artística y Virginia la comercial. Tot Taylor es una persona con una sensibilidad diferente. Es un escritor destacado y un observador como no conozco otro. Que sabe ver arte donde a los demás todavía no les han dicho que lo hay. Le tendría que preguntar a él, pero según sus propias palabras, de mi trabajo valora la técnica, la belleza y que es atemporal y no tiene complejos. Me alegra que piense así porque él, desde luego, no los tiene.

 

Vi el catalogo y expuso usted pinturas de la luna de pequeño formato…

 

Correcto. Cuadros de 50 x 50 cm pintados en encáustico. Era un exposición que en cualquier otra galería habría pasado inadvertida y aparentemente fue la exposición más destacada por la prensa durante Frieze. La visitaron miles de personas y se vendieron la mayor parte de los cuadros a muy buenas colecciones y museos. Eso en otras galerías con un trabajo tan sutil no habría sido posible. Como lo que hagas tenga misterio, el sótano de esa tienda de rifles de mil setecientos y pico en el corazón del Soho no tiene parangón. Mis lunas fueron muy felices allí.

 

Hijo de la Luna… Parece que la luna le persiguiese donde quiera que vaya.

 

Hijo de la luna (sonríe). Esa canción comenzaba diciendo “tonto el que no entienda” porque para mi la luna tiene claramente un carácter simbólico. Todo el universo lo tiene en cierta medida. Pero la luna… la luna pareciera hecha para ser vista y punto. Yo soy hombre de símbolos. En ese sentido desde pequeño me fascinaba el trabajo de Torres-Garcia. La luna es una pista inapelable de la dimensión visual del universo. Y a mi intuición también de la dimensión espiritual del ser humano. Si la luna esta hecha para ser vista cundo la luna apareció en escena anticipaba la aparición de ojos para ser vista y sensibilidad para apreciar su entidad y su belleza. Es lo único que es sólo para la tierra como el hombre. Según la “teoría del gran impacto” que ya nadie se cuestiona, la luna son las cenizas de Tehia que al inmolarse chocando con la tierra. Este choque brutal desplazó el eje de la tierra 23 grados y destruyo su atmósfera venenosa y calenturienta. Antes de la luna la temperatura en la superficie de la tierra estaría en torno a los 300 grados y había agua pero no liquida. Fue el momento de creación de la luna lo que permitió que en la tierra hubiese agua en estado liquido y por tanto vida. Eso en lo astronómico. 

 

En lo visual o simbólico, la luna es la destinataria de las miradas más bellas de la totalidad de la humanidad viva y muerta. A veces nos olvidamos de que la inmensa mayoría de la humanidad está muerta. Pero no quiere decir que no esté. La luna por su rotación sincrónica siempre nos muestra la misma cara que a los largo del tiempo se ha mirado con embeleso. Antes de que Edison apareciera con una bombilla en la mano era la luz en la oscuridad y los ciclos menstruales de la mujer coincidían con los de la luna. Las mujeres eran fértiles cuando no había luna en el cielo y los hombres no podían salir a cazar animales dormidos. La misma luna que usted ve y que yo pinto es la misma que vio el hombre de cromañón Tutankhamen, Jesucristo, Carlomagno, Colon o Napoleón. Incluso los seres más malvados cuando miran a la luna lo hacen para decir que bonita está esa noche. Todas esas miradas bellas se han ido sedimentando. Lo úvieronnico inalterado que todos vieron. Mire a la luna con paz interior y estará uniéndose al rezo de la totalidad de la humanidad que la antecede.

 

Primero músico y luego pintor con éxito en ambas facetas. Eso no es muy normal. ¿Cuál de estas artes cree que transmite con más fuerza los sentimientos y el pensamiento? 

 

No es tan anómalo. Paul Klee era un destacado violoncelista. Lorca dibujaba con gracia y gustaba de tocar el piano. No es tan anómalo Dan Graham, Basquiat…

 

Son ámbitos complementarios en cierta medida. Creo que las canciones imponen un sentimiento concreto al oyente. Las artes plásticas son una propuesta más abierta para el observador. Como cuando un estudiante se compra el inter-rail. Un billete a vaya usted a saber dónde. Ni el que lo compra sabe a dónde va a terminar viajando.

 

Me gusta escuchar, pero no me gusta menos tocar y sobre todo ver. Es paradójico cómo nos referimos a la música en lengua española. La música no se puede tocar, y usamos el verbo tocar para el acto de interpretarla con un instrumento. Los ingleses dicen jugar música. A mi me encanta tocar las cosas que me llaman la atención. Y observarlas con detalle. Mis cuadros tienen obscenidad táctil y me encanta que la gente los toque. Cada vez que alguien confronta a mi lado un cuadro mío primero me pregunta: ¿Cómo lo haces? E inmediatamente después ¿Lo puedo tocar?. Yo siempre digo que sí, y en vez de tocarlos los acarician. Y eso a mis cuadros les encanta.

 

Utiliza diferentes técnicas como óleo y resina, la encáustica o pigmentos que mezcla con distintos aglutinantes. ¿Por qué escogió éstas en detrimento de otras? 

 

Soy un alquimista al que el «con qué pinta» no sólo le dicta el “cómo pinta” sino también el “qué pinta” y por ende el “qué siente”. Pero creo que pinto con todo lo que se puede pintar que perdure.

 

Como en la cocina, en la pintura los ingredientes orientan la obra. Por no decir que dictan. Supongo que cualquier cosa se puede hacer al pil pil, a la marinera, o a la gallega pero sería razonable pensar que el bacalao, las almejas o el pulpo fueron el alma mater de tan inspirados hallazgos culinarios. Aunque la cocina contemporánea, como casi todo lo contemporáneo, guste de aplicarle al arroz sos la receta del cocido… La búsqueda artificiosa de la originalidad es a la vez el gran hallazgo y el mal endémico de las artes en el siglo XX. Menos mal que parece que esa gran lluvia de caspa que terminó siendo, va escampando en el siglo actual.

 

¿Cómo influyeron los años que estudió arquitectura en la destreza de su dibujo o pintura?

 

Influyeron sobre todo los años de colegio en los que me preparaba para la carrera. Estudié en los jesuitas de la plaza de Chamartín. Entre los 42 de mi clase era el único que dibujaba razonablemente. Estaba en la A donde, por decirlo de alguna manera, la gente no era muy artística. El señor Paz que era el fotógrafo del cole y el profesor de dibujo me animó a que me apuntase a la academia Hidalgo de Caviedes que en aquellos tiempos era “la” academia. Rafael Hidalgo de Caviedes que en paz descanse, era la tercera generación a cargo de la escuela de dibujo familiar. Lo recuerdo barbado con buen aspecto, locuaz y gesticulante. Y amigo de sus jóvenes alumnos, la cerveza y las modelos que posaban para nosotros. Gran maestro dicho sea de paso. Estamos hablando de finales de los 60 principios de los 70. Cuando empecé a ir era el más joven. Por aquel entonces no había visto una mujer desnuda ni en foto. Literal. Eramos casi todo tíos en la academia. Una vez a la semana venía una modelo a desplegar su anatomía. Muy neoclásicas “usease” orondas. Iban cambiando pero todas ellas estaban de muy buen año. Los lápices echaban humo. La modelo sólo mantenía cinco minutos cada pos y había que espabilarse. Rafa encendía con un chisquero una catalítica de butano que tenia roto lo de hacer chispas. Con los brazos cruzados sobre el respaldo de una silla que usaba del revés se interponía entre la venus y el alumnado. Y miraba a un lado y otro inquieto como un arbitro de tenis. La estufa emitía una luz rojiza que afrancesaba la escena. Y así…una mezcla de hormonas y grafito…fui aprendiendo a dibujar encantado de la vida. 

 

Sus retratos en primer plano me parece que tienen un sello muy británico, como los de la escuela de Londres. ¿Qué opina? ¿Cómo le ha influido artísticamente llevar viviendo en Londres 25 años?

 

Yo los veo ingleses pero anteriores a eso. Los veo más parecidos a Van Dyck que a Bacon, Auerbach o Freud. De hecho estos pintores tenían en sus retratos un marcado deseo por la originalidad que yo no tengo. Si acaso lo contrario. Decía Gaudí que la originalidad era la vuelta al origen. Mis rostros buscan la intemporalidad de la mirada hacia arriba. De la inquietud espiritual. La historia de Van Dyck y la mía tiene ciertos paralelismos. En realidad era español porque nació en los países bajos españoles en 1599 yo en 1959. guarismos perecidos. Y se vino a vivir a Londres igual que yo. Pero bromas a parte si hay algo en lo que me he fijado para mis apóstoles es en los estudios de cabezas de hombre de Van Dyck. 

 

Conocedor en profundidad del arte contemporáneo y la estructura social que lo sostiene. ¿Con que criterio ha conformado la gran colección de arte que posee?

 

Yo no me considero coleccionista de arte. De hecho desde que empecé a pintar profesionalmente dejé de comprar cuadros de otros artistas. Me gustan los cuadros como objeto y vivir rodeado de ellos. Sencillamente era una forma de quitarme el mono cuando era músico. Ha sido una buena referencia para mi trabajo hacer convivir a mis obras en las paredes de mi casa con las de artistas relevantes. Era una manera de hacerlas competir por una pared. Pero no tengo sentido de la propiedad sobre los cuadros que poseo, sólo sobre los que pinto. Y no mucho. Se los debo más a mi vida que a mi persona

 

En su serie de cuadros en los que utiliza la cera, se centra en temas actuales como la defensa de los derechos humanos, el capitalismo, la prostitución… ¿Utiliza su arte como denuncia?

 

Yo no soy de protestar ni siquiera de lamentarme, pero me gustan las cosas sobre la mesa. A pesar de ser muy desordenado, cuando me siento a comer acompaño mi conversación con una redistribución equidistante y paralela de cubiertos y vajilla. El plato tanjente al cuchillo y este paralelo a la cuchara. Los objetos sobre las mesas determinan para mi un universo móvil pero ordenado muy deseable. Así que todo sobre la mesa.

 

Empecé a pintar liderando un movimiento con un solo seguidor, es decir yo, que denominé materialismo matérico. Consistente en pintar en cera cuadros de contenido económico. Destacar la relevancia oculta de la perspectiva económica en nuestras vidas. Pinté primero los papeles de mi divorcio y luego seguí con otros temas de índole crematística. Personajes del mundo financiero como aparecían en el Wall street Journal, estadísticas económicas de empresas del Financial Times etc.

 

Pero no como denuncia. De una forma irónica aceptaba los protagonistas del mundo financiero como la nueva belleza y yo como artista tradicional que lo soy me veía obligado a rendir pleitesía a tal belleza reproduciéndola. 

 

Las revoluciones políticas en la historia moderna son una gran perdida de vidas y de tiempo. Ha supuesto finalmente una readaptación más materialista si cabe del marco sociológico. Francia y Rusia que son los paradigmas de la revolución son un buen ejemplo. Creo sin embargo que el ser humano tenía una inquietud por trascender lo material que ha perdido por completo en base a su análisis puramente económico de sus circunstancias. La derecha con la alegoría del liberalismo a ultranza y la izquierda con su sentida beatitud por el materialismo dialéctico convierten al ser humano en dos perdidas de tiempo muy parecidas. 

 

Ha creado una serie de toros, tema muy español. ¿Que importancia le da a sus raíces? 

 

Mi serie de toros en realidad se llama «de providencia» y se refiere a la relación del hombre con su destino. El título genérico de mis cuadros de tauromaquia es el de una carta de Seneca a su discípulo Julius. Este le pregunta que como puede ocurrir que le pasen cosas malas a las buenas personas. Y Seneca le contesta que eso sólo ocurre en apariencia. Que el agua y el aceite no se mezclan y que son las oportunidades que tiene el hombre valioso de contrastar su grandeza. El toro representaría al ser humano y el torero al destino. La forma correcta de enfrentarse al destino no es engancharlo por la taleguilla y tirarlo por los aires. Es embestir la muleta asunción, fijeza y bravura. Y paciencia como no. Pasa pocas veces pero que grande es el día que se indulta un toro.