Carmen
Una de las figuras fundamentales para la promoción del arte contemporáneo en la España democrática ha sido Carmen Giménez (Marruecos, 1943), quien se encargó de la política oficial de exposiciones del Ministerio de Cultura entre 1983 y 1989, el periodo donde se produce el gran cambio cultural de nuestro país. Posteriormente, fue nombrada conservadora de arte moderno del museo Guggenheim de Nueva York, puesto en el que ejerció la cifra récord de 25 años. Simultáneamente con esta exigente tarea, Carmen Giménez mantuvo el contacto con nuestro país participando en algunos de los más importantes proyectos que se han producido en las últimas décadas, como el museo Guggenheim de Bilbao o el museo Picasso de Málaga. En la actualidad, además de continuar con su labor de promoción de exposiciones, ha sido nombrada Presidenta del Patronato y del Comité Cientifico del Museo d’arte della Svizzera Italiana en Lugano. Por toda esta ingente labor de promoción del arte, Carmen Giménez ha recibido múltiples premios y condecoraciones nacionales e internacionales como la Medalla de Oro de Bellas Artes o el ser elegida como Académica de Honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Por tanto, la historia del arte y de los museos españoles de las ultimas décadas no sería la misma sin su relevante contribución. Ahora me recibe en su casa de Madrid esta incansable viajera, donde charlamos sobre lo que ha sido su vida y su visión del arte hasta el momento presente.
Nace en Casablanca, debido al exilio político de su padre, miembro significado del partido de Azaña que huyo tras la guerra civil, ¿cómo marcó este periodo su vida y su trayectoria?
Fue fundamental, porque Marruecos era una país maravilloso. Tuve una infancia muy feliz. Viajamos mucho pero no a España, porque mi padre no podía volver, al menos hasta 1957. Le gustaba muchísimo el arte y coleccionaba artistas franceses que vivían en Marruecos, que hoy día son conocidos. Nos llevaban a todos los museos, los viajes estaban marcados por el arte.
Estudia Historia del arte en el año 65, en el École du Louvre de Paris…
Antes hice Ciencias Políticas. Como mi padre era político, aunque después ya no lo fue y nunca más quiso hablar de política… Fue importante y creo que le debo mucho. Primero porque te da rigor –en Francia esa formación es muy buena–, aprendes a cómo pensar y también te da una cultura que es importante. Y en seguida, mi mejor amigo –que luego fue mi marido, John Trafford–, su tía era una gran coleccionista y yo estaba siempre en su casa, y ella me llevaba a todas las exposiciones, a los museos, etc. Tuve acceso enseguida al mundo del arte de aquella época. Pero no quería quedarme a vivir en París. A mí me gustaba Estados Unidos. Y de hecho, cuando yo me iba a casar, íbamos a vivir en Nueva York, pero al final no pudo ser. Mi exmarido tuvo trabajo en Chile y entonces me fui a vivir allí.
Se introduce en el mundo del arte en España en el año 83 cuando empieza a trabajar como asesora para el Ministerio de Cultura español y es nombrada directora del Centro Nacional de Exposiciones, donde organiza más de 200 exposiciones. Y en el año 86 participa también en la apertura del Reina Sofía. ¿Cómo fueron esos comienzos?
Entro a trabajar en el Ministerio de Cultura con Javier Solana, de quien guardo un recuerdo maravilloso. Al principio, como responsable del programa de exposiciones de arte, que tenia entonces como sede principal las salas Ruiz Picasso de la Biblioteca Nacional. Creo que me propusieron esta tarea porque acertadamente trataban de situar la politica oficial en este tema dentro de un circuito internacional, en el que nuestro pais brillaba por su ausencia. En este sentido, en una primera fase, me volque en establecer los lazos para que nuestro pais estuviera adecuadamente conectado con los centros internacionales que gestaban este tipo de propuestas. Por un lado, era consciente de que nuestro publico entonces carecía de una informacion basica sobre lo que habia sido el desarrollo del arte moderno, y , para llenar esta laguna, por una parte, promovi muestras antologicas de figuras historicas claves al respecto, como, por ponber un par de ejemplos, realice sendas retrospectivas de grandes maestros de las vanguardias historicas como Juan Gris y Edvard Munch. Pero, por otro, tambien trate de aproximar a nuestro publico con las grandes corrientes del arte de la segunda mitad del s XX, dsel que surgieron revisiones de tendencias capitales, como las del arte minimal, arte povera, la muy importante escultura britanica de la decada de 1980 o, en esta linea como la titulada «Tendencias en Nueva York», que era un panorama sobre el arte emergente, al filo del comienzo del arranca de 1980 en la gran metropoli, la cual significativamente, tras presentarse en madrid fue exportada. Esto ultimo es importante, porque, ademas de exportar iniciativas producidas sobre lo que ocurria en el arte internacional, tambien me preocupe de que el arte español emergente fuera visto fuera de nuestro pais. Por otra parte, en relacion con el Reina Sofia, que se inauguro al principio en el remodelado edificio de Sabatini, como una generica plataforma cultural sobre las nuevas tecnologias y las artes, quise que, en este primer evento, desde el punto de vista artistico, hubiera una exposicion, y «Dobles parejas»,donde se confrontaran los mejores artiostas españoles del momento con sus correspondientes parejas internacionales, que se sustentan en los respectivos dialogos entre Richard Serra con Eduardoi Chillida, Antonio Saura con Baselitz y Tapies con Cy Towmbly. Esta propuesta causo sensacion en el New York Times, le dedico una pagina firmada por Roberta Smith, que se desplazo a España para hacerla.
Fue un buen comienzo…
Fue la época dorada. Pero ya antes había hecho una política en los palacios de presentar los grandes movimientos: el arte povera, por ejemplo, con Germano Celan, el post-minimal art, con el que es ahora el director del Guggenheim, Richard Armstrong. La escultura inglesa, por ejemplo, estuvo Richard Long en el Palacio de Cristal, y después en el Palacio de Velázquez estuvo Tony Cragg, Anish Vapor, etc. Pero la gran exposición fue la que hice en el Reina Sofía de la colección de Giuseppe Panza. Eso fue maravilloso.
¿La que está en el Guggenheim?
Si, la que compra el Guggenheim. Que, por cierto, la compra muy cara, porque antes, los artistas de esa coleccion estaban fuera del mercado, pero entonces ya se habian convertido en muy cotizados, y, para cerrar la operacion tuvieron que vender algunas algunas grandes obras de su estupenda coleccion, como las de Chagall y Modigliani.
En 1988 se traslada a Nueva York, donde se convierte en conservadora de arte del siglo XX del Museo Guggenheim. ¿Qué destacaría de este periodo tan importante de su carrera?
Yo destacaría todo. Tengo grandes recuerdos de esa era de Thomas Krens,en la que pude llevar a cabo muy diversas exposiciones, entre las que destacaria la titulada “Picasso y la Edad de Hierro”, que produjo un gran impacto, y la ultima, todavia con Krens, que fue «El tiempo, la verdad y la historia. Del Greco a Picasso», que revoluciono la forma de mostrar la historia del arte español uy recibio el premio de la critica de Nueva York como una de las mejores exposiciones exhibidas ese año en esa formidable ciudad.
¿Qué diferencias encuentra entre las instituciones museísticos americanas y españolas?
Me gusta el sistema americano, porque en América no hay política. Los directores tienen que hacer captación de fondos, esa es su función. No es como aquí, que tienen dinero del Estado. Ahora hay un intento de hacerlo pero no está en la tradición europea y siempre es complicado. En cambio, los museos americanos funcionan con fideicomisos y estos aportan dinero al museo. Por eso están tan bien pagados los directores, porque aportan esa función tan fundamental. A mí me gusta, porque allí un curator se dedica al arte. Tienes personas que se ocupan de pedir los préstamos y no tienes trabajo administrativo. Yo aquí tenía un enorme papel administrativo y me ocupaba de todo.
Directora desde 1997 a 2004 del Museo Picasso de Málaga donde se involucró en su planificación ¿Cómo comienza la idea de este museo?
Desde el momento en que me involucre en la politica de exposiciones en el Ministerio de Cultura, algo que me obsesionaba era la ausencia de obras signidficativas de Picasso en las colecciones españolas. Desde mi punto de vista, era esencial volver a renacionalizar a Picasso, porque estaba harta de comprobar que, en los letreros de la mayoria de los museos del mundo, el artista malagueño era calificado como «French Artist born in Spain». Para cambiar este topico no bastaba con hacer exposiciones temporales sobre Picasso, sino quye habia que baumentar el caudal de sus obras en nuestras colecciones. Era dificil, porque las cifras de los Picxasoo ya eran astronomicas, inalcanzables. En este sentido, ademas de comptrar lo que se pudiera, habia que inventar alguna otra forma, como, por ejemplo, implicar en el proyecto a sus herederos. Mi ilusion inicial es que, si se lograba este acuerdo, los Picassos fueran al Reina Sofia, pero, al final, la oportunidad surgio, a partir de un par de exposiciones que realice soibre el genial artista en malaga, por iniciativa de la junta de Andalucia, el proyecto cuajo en su ciudad natal, a traves del legado que hicieron la que fue nuera del artista, Christine y su hijo Bernard. Fue maravilloso, porque esta experiencia me permitio programar un nuevo museo desde cero, lo cual es muy raro, pero tambienm muy gratificante.
Y cuentan con usted…
Sí. Y después en aquellos años tuve la maravillosa suerte que en España no éramos tantos comisarios. Yo me complementaba mucho con Francisco Calvo Serraller, porque él tenía toda esa visión que para mí fue fundamental. Y también le debo mucho a Juan Ariño, quien tenía la visión de los espacios. Se transformó toda la manera de presentar el arte. Hubo una transformación muy importante.
¿Qué ha significado Picasso para usted?
Picasso se ha vuelto mi vida.
También fue idea suya y colaboró en la creación del museo Guggenheim de Bilbao, en 1997, un referente artístico de la ciudad. ¿Qué destacaría del museo y de la colección?
Yo destacaría que es interesante que se haya hecho una colección libre. Es un museo que funciona con esa libertad, que es necesaria, de privado y público. Destacaría primero la compra de Richard Serra “The Matter of Time”, que es la única obra que puedes ver de Serra en el mundo, porque siempre hace exposiciones, pero se van. Pero ahí puedes verlo en ese espacio que Gehry creó casi para Serra. Después destacaría la obra de Cy Twombly, esa serie fantástica. A mí me parece que es un museo que ha sido un gran éxito. Tiene un millón de visitantes al año. Y cuando vas allí, tengo la impresión de que estás en un museo internacional.
¿Qué condiciones cree que son necesarias para formar la colección de un museo de arte contemporáneo?
Aquí voy a ser muy clara. Pienso que el mundo del arte ha cambiado profundamente. Estamos en otro momento. Ahora hay miles de artistas, miles de comisarios, eso se ha vuelto absolutamente para mí sin interés. A mí el museo de Abu Dhabi, que empecé con Thomas Krens, pues no me interesa. No creo que vaya jamás.
¿Cree que el artista y su creación esta condicionado también por ese mercado y por los galerístas que les exigen una producción mayor para poder vender más?
Absolutamente. Tienes un fenómeno extraordinario que es el de Gagosian. Gagosian tiene a los grandes artistas. Pero él se ha desecho por el camino de muchísimos. Cuando no tienen éxito se van, se tiran.
¿Dónde deberíamos buscar para no dejarnos contaminar?
No obsesionarse con el arte actual, sino verlo desde la perspectiva de la historia. Hay grandes museos internacionales que recorren todo el tiempo hasta casi hoy, como el Metropolitan, el Louvre y en cierta manera, nuestron Pradpo, que es maravilloso y del que me siento muy orgullosa como miembro de su real patronato.
¿Qué cree que es necesario en el desarrollo correcto de un museo nuevo?
Primero habría que preguntarse por qué abrir tantos museos. Esa es la primera cuestión. Pienso que es mejor apoyar los que existen y no abrir más museos. Parece que en Abu Dhabi querían un lugar de turismo y por eso se habían unido con el Guggenheim. Lo que pasa es que, en el Guggenheim, no tenemos una colección tan grande como para exportarla a tantos lugares.
Pero después estos museos están vacíos, te paseas por ellos y no hay nadie. Yo creo que todo eso no funcionará. Soy muy pesimista.
