Alejandra de Argos por Elena Cue

Es posible que David Hockney sea el artista vivo británico más famoso en la actualidad. Sus obras se reparten por las mejores colecciones y museos del mundo; su nombre en el cartel de una exposición arrastra multitudes. Sus incisivos retratos, vibrantes piscinas y la potencia de sus últimas obras (realizadas con tecnologías de vanguardia) revelan a un artista con una capacidad creadora que sobrevive a cualquier escuela o movimiento.

El pintor, dibujante, grabador y escenógrafo que se volvió rubio “because blonds always have more fun” es una figura fundamental para comprender el arte de los siglos XX y XXI. Transgresor del pop art, trabajador incansable y artista explícitamente sexual, David Hockney convierte sus deseos y sus pasiones en intensas zonas de color que disparan directamente al corazón y la mente del espectador.

 

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Retrato de David Hockney en la presentación de la exposición "82 retratos y un bodegón". Lafabrica.com

 

Una exposición y un cuadro por un diploma

A diferencia de otros grandes artistas contemporáneos (como su amigo Lucien Freud), David Hockney no tuvo que enfrentarse a la escuela o su entorno social para defender su necesidad de crear. Apoyado por su familia, cursó estudios en el Bradford College of Art y en el prestigioso Royal College of Art, donde coincidió con otra figura fundamental de la pintura contemporánea, R. B. Kitaj. El año 1961 supuso una inflexión en su trayectoria como artista, así como un hito en la historia del arte contemporáneo británico: ese año la exposición Young Contemporaries reunió las obras de Hockney, Kitaj, Blake y Allen Jones (entre otros), estando hoy considerada como el punto de partida del pop art británico.

 

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Life painting for a diploma (1962). En Dazedimg.dazedgroup.netdna-cdn.com

 

Sin embargo, Hockney nunca llegó a identificarse completamente con el arte pop. Y no es de extrañar: su obra es mucho más rica, amplia y versátil de lo que permite el cliché, jugando con influencias que van desde el expresionismo hasta las técnicas clásicas. Es en esta época cuando el joven Hockney empieza a mostrar la rebeldía irónica que le ha acompañado durante toda su vida. Cuando el RCA le negó la posibilidad de graduarse por no entregar dos trabajos de final de estudios (un desnudo femenino del natural y un ensayo escrito), pintó y presentó el lienzo Life painting for a diploma (Pintura al natural a cambio de un diploma, 1962) como forma de protesta. Además, dejó claro que no tenía nada que decir por escrito: sus obras hablaban por él. La institución británica tuvo que reconocer el talento y la proyección de Hockney, y cambió sus normas para permitir su graduación.

 

La plástica de la sexualidad: obras reveladoras

Abiertamente homosexual, ya desde sus primeras (y brillantes) obras David Hockney quiso reflejar en su trabajo las relaciones sentimentales/sexuales entre personajes masculinos. Un tema que aparece reflejado en obras como We Two Boys Together Clinging (Nosotros, dos chicos juntos y bien pegados, 1961), pintura de estilo abiertamente expresionista cuya estética y título no dejan lugar a dudas. La valentía de Hockney no se vio reducida a su vida personal sino que abarcó también su expresión artística: allá donde todos se adherían a las consignas del pop art, él se decantó por una estética con reminiscencias clásicas y un punto de vista completamente personal. De la escuela pop adoptó los colores brillantes, las zonas planas, el uso de la pintura acrílica (innovador en los años 60 del siglo XX) y la ironía y el descaro propios de muchos artistas de su generación. Del expresionismo, la mancha y el trazo libre; y de los clásicos, el uso del claroscuro, la línea nítida y la perfección formal.

 

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We Two Boys Together Clinging (1961). Fotografía de John Webb. En Artuk.org.

 

La vida sentimental de David Hockney se refleja sutilmente en muchas sus obras. Su pasión por el retrato motivó que muchas de sus parejas le sirvieran como modelos para sus pinturas. Es el caso de Portrait of an Artist/Picture with two figures (1972), donde Hockney nada en una piscina ante la mirada de su compañero de entonces, el también artista Peter Schlesinger. La expresión absorta de Schlesinger y el contraste entre su atuendo con la casi total desnudez del nadador parecen traslucir una sensación de separación entre ambos, con el agua cristalina creando una barrera insalvable. Pintada cuando la relación empezaba a terminar, la obra parece simbolizar el alejamiento entre los integrantes de la pareja. Un alejamiento magistralmente reflejado por Hockney, que hace suyos los colores brillantes y la naturaleza lujuriante del verano de California para sugerir una premonición de la ruptura.

 

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Portrait of an Artist/Picture with two figures (1971). En Elcuadrodeldia.com.

 

Los años 60 y 70 y el protagonismo de las piscinas

Hablar de David Hockney como “el pintor de las piscinas” no hace justicia a su magnífica obra. Y aún así, no cabe duda que los vasos azules de aguas cristalinas que descubrió desde el avión la primera vez que voló a California supusieron un punto de inflexión en su trayectoria. A partir de los años 60 las piscinas se convierten en protagonistas absolutas de muchos de los cuadros más importantes de Hockney, como el ya mencionado Retrato de un artista, El gran chapuzón (1967) o Peter saliendo de la piscina de Nick, premiada en 1967. Los colores de Hockney se hacen más vivos y brillantes, acercándose más al pop art americano pero siempre manteniendo esa cualidad clásica que pervive en toda su obra.

Son grandes pinturas llenas de color y calor, marcadas por una modernidad que todavía hoy nos sorprende y que incluyen innovaciones pictóricas llenas de interés. Sin ir más lejos, la forma personalísima empleada por Hockney para reflejar la incidencia de la luz sobre el agua ondulante mediante sinuosas líneas blancas entrecruzadas, que queda perfectamente plasmada en la obra Sunbather de 1966.

 

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Sunbather (1966). En Elcuadrodeldia.com.

 

Las escenografías y joiners de un artista inquieto y versátil

La obra de David Hockney abarca mucho más que lienzos y pinturas. Creador versátil por excelencia, ha destacado en disciplinas como la fotografía, la escultura, el grabado o las artes digitales. Uno de sus campos de acción es el de la escenografía, donde ha realizado diseños escénicos para obras como Ubu Rey (1966, Royal Court Theather de Londes), The Rake’s Progress (1975) y La Flauta Mágica (1978), estos últimos para el Festival de la Ópera de Glyndebourne. También ha creado vestuario y escenarios para las puestas en escena de Turandot de Puccini o Tristán e Isolda de Richard Wagner, entre muchas otras.

Entre los trabajos de David Hockney, su producción de fotocollages destaca por su potencia innovadora. Bautizadas por su creador como joiners (ensambladores), son obras creadas a principios de los años 80 con una cámara Polaroid al principio, y con impresiones comerciales de 35 mm posteriormente. Los trabajos muestran imágenes de un mismo sujeto, reunidas y colocadas ordenadamente en grandes superficies para crear un efecto similar al de un pixelado digital, lo que de nuevo convierte a Hockney en un precursor. Los joiners muestran dos de los temas más queridos al artista: paisajes naturales y retratos. Durante esta época la fotografía tuvo para Hockney una relevancia importante (hasta el punto de abandonar la pintura), pero al final abandonó la disciplina por las limitaciones creativas que terminó por encontrar en ella.

 

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 Still Life with Blue Guitar (Joiner de 1982). En Arthive.com  

 

Un artista en investigación constante

David Hockney siempre ha mostrado una pasión sin límites por la tecnología, abrazando desde un primer momento todas las posibilidades que le esta ofrece para el desarrollo de su arte. Lejos de criticar las nuevas formas de arte para defender el trabajo artístico artesanal (algo habitual en muchos de sus coetáneos), Hockney hace suyas las nuevas herramientas informáticas y digitales para crear obras sorprendentes y magníficas. Sus trabajos realizados utilizando un iPad son probablemente los más conocidos, y han recorrido los mejores museos del mundo en forma de exposiciones multitudinarias. A partir de la pantalla, las obras de Hockney pasan a formar parte de proyecciones audiovisuales o imágenes impresas que conforman grandes composiciones. Es el caso de Bigger Trees Near Warter Or/Ou Peinture Sur Le Motif Pour Le Nouvel Age Post-Photographique (2007), la obra de mayor envergadura creada por el artista hasta la fecha.

 

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Bigger Trees Near Warter Or/Ou Peinture Sur Le Motif Pour Le Nouvel Age Post-Photographique (2007). Foto: Richard Smith. En Artuk.org.

En la actualidad, David Hockney continúa investigando y creando a tiempo completo, con una fuerza imparable que ni su avanzada edad ni la pérdida de audición parcial que sufre pueden detener. Sus obras, llenas de luz, color y reflexión sobre la naturaleza y la condición humana, son un legado que abrirá infinitos caminos a los artistas más inquietos de las próximas generaciones.

 

Exposiciones

David Hockney ha participado en más de cuatrocientas exposiciones, en solitario o como parte de un colectivo. Desde la primera gran retrospectiva que le dedicó la Whitechapel Gallery de Londres en 1970 hasta nuestros días, prácticamente todas las muestras dedicadas al artista británico se han convertido en acontecimientos de relevancia en el mundo del arte contemporáneo. En el año 2006, la National Portrait Gallery de Londres presentó una de las muestras más importantes de retratos realizados por el artista, con 150 obras realizadas durante más de cinco décadas. Tres años después, la exposición David Hockney: Just Nature congregó a alrededor de cien mil personas en Alemania. Durante los últimos años se han realizado varias muestras de relevancia mundial, entre las que destacan:

 

 

A bigger picture (2012)

 

 

Organizada por la Royal Academy of Arts de Londres, la muestra A bigger picture centró la selección de obras en el tema del paisaje. La exposición incluía cuadros al óleo, acuarelas y trabajos realizados con iPad e impresos sobre papel; posteriormente viajó al Museo Guggenheim de Bilbao (2012) y al Ludwign Museum de Colonia (2013).

 

 

A bigger exhibition (2013)

 

 

Un año después, el Fine Arts Museum de San Francisco (EEUU) organizó A bigger exhibition, la mayor retrospectiva individual de la obra de David Hockney hasta la fecha. La exposición congregó obras realizadas entre 1999 y 2013 en distintas disciplinas, desde dibujos creados con ayuda de una cámara lúcida hasta obras digitales.

 

 

David Hockney (2017)

 

En esta ocasión, fue la Tate Britain de Londres la que presentó una gran exposición dedicada al artista, con motivo de su 80 cumpleaños y con una gran selección de obras creadas a lo largo de toda la trayectoria de Hockney. La muestra viajaría después al Centro Georges Pompidou de París y al MoMA de Nueva York.

 

 

Libros

 

“El conocimiento secreto”. David Hockney, 2001

Hockney examina las grandes obras de la historia de la pintura y el dibujo, especialmente las que le son más queridas, en busca de las técnicas ópticas que ayudaron a los grandes maestros a realizarlas. El libro reproduce estas orbas y también la descripción realizada por el propio Hockney, que desde un punto de vista experto desgrana con pasión las ingeniosas técnicas antiguas, acompañando las explicaciones con dibujos y fotografías realizadas por él mismo. Una obra imprescindible para profundizar en el arte de todos los tiempos, de la mano de uno de los creadores más influyentes de la actualidad.

 

“Una historia de la imágenes”. David Hockney y Martin Gayford. 2018

Desde los bisontes de Altamira hasta la pantalla de la tablet o el iPad, el arte evoluciona a un ritmo frenético sin perder su cualidad plástica y sus propios desafíos. Especialmente, el reto esencial que se les plantea a pintores, dibujantes, grabadores y fotógrafos, y que el propio Hockney define como “representar el mundo tridimensional sobre una superficie bidimensional”. Así, el libro traza una historia de dichas imágenes como herramienta para descubrir el mundo y a sus habitantes.

 

“David Hockney. A bigger book”. Ed. Taschen, 2016

Con motivo de las dos grandes exposiciones dedicadas a David Hockney en 2012 y 2013, la emblemática editorial Taschen publicó este gran libro en formato SUMO. Un impresionante libro de gran formato, con toda la obra del artista plasmada en imágenes mediante un fascinante recorrido visual y textual. Se trata de una obra de coleccionista limitada a 9.000 ejemplares.

 

 

 

Considerado uno de los artistas más importantes del siglo XX, Lucian Freud tuvo que luchar durante toda su vida con sectores de la crítica especializada para defender la modernidad de sus pinturas. En un mundo donde el arte mostraba un rostro cada vez más abstracto, cambiante y conceptual, Freud mantuvo siempre el máximo respeto a lo que él deseaba hacer.

Técnica, formación y talento, sumados a una admiración sin límites por el trabajo de los clásicos, se combinan en su trayectoria para dar lugar a pinturas deslumbrantes que nos sacan de nuestra zona de confort. Sus desnudos carnales y potentes, los retratos donde los rostros traslucen personalidades y los descarnados ambientes que reflejó en sus lienzos conforman un universo artístico coherente y magnífico. La obra de Lucian Freud despierta sensaciones contradictorias en quien la contempla: sensaciones que combinan la admiración por un talento fuera de serie, con un cuestionamiento constante de la realidad del ser humano.

 

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Retrato de Lucian Freud, del libro “A painter's progress: a portrait of Lucian Freud”. Foto: © David Dawson. Culturewhisper.com.

 

Lucian Freud debe su apellido a su famosísimo abuelo, Sigmund Freud, padre de la técnica del psicoanálisis y una de las figuras más relevantes y controvertidas de la psiquiatría, la psicología y la filosofía de los siglos XIX y XX. Lucian nació en Berlín en 1922, hijo del arquitecto Ernst Ludwig Freud y de Lucie Brasch. Con la llegada al poder del partido nazi y ante la amenaza latente que suponía para su cultura, la familia emigró a Londres cuando el futuro pintor tenía solo 11 años de edad.

El interés que el joven Lucian demostró por el arte desde temprana edad, en detrimento de la enseñanza académica, motivó su ingreso en la Central School of Arts and Crafts de Londres en el año 1938. Sin embargo, pronto se trasladaría a estudiar a la escuela de arte no reglada que Cedric Morris dirigía entonces en Essex. Fue entonces cuando el pintor que se escondía en el joven empezó a mostrar su impresionante talento, reflejado en retratos, paisajes y bodegones.

 

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Retrato de un joven (1944). ©Lucian Freud. Colección privada. Disponible en Wikiart.com.

 

Un turbio incidente (un incendio en la escuela de arte de Morris, supuestamente causado por una colilla arrojada por Freud) hizo que en 1941 Lucian se enrolara como marinero en un carguero. A su vuelta retomó su formación artística, esta vez en Suffolk; ya en 1944 y con tan solo veintidós años montó su primera exposición en solitario, en la galería Alex Reid & Lefevre de Londres.

Las primeras pinturas de Freud, sobre todo retratos de sus vecinos, muestran una estética menos compleja que sus futuras obras maestras: pincelada menos marcada, amplias zonas de color recortadas y una sutil tendencia hacia la abstracción en rostros, ropajes y fondos. Sin embargo, el potencial del artista en ciernes queda evidente en la fuerte expresividad de los rostros y en el inconfundible estilo que siempre acompañaría su obra.

 

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Joven con chaqueta negra (1947). ©Lucian Freud. Colección privada. Disponible en Wikiart.com.

 

En 1946 Freud viaja a París y a la isla griega de Poros. En ámbos lugares reside durante varios meses y continúa desarrollando su personal forma de pintar, buscando los entresijos del alma humana a través de retratos llenos de intensidad. En esta época Freud tiene relaciones con numerosos amantes de ambos sexos (algo que fue una constante en su vida), entre los cuales destaca Lorna Wishart, esposa de Ernst Wishart y amante también del escritor Laurie Lee. Tras una tumultuosa relación con Lorna, Freud termina casándose con su sobrina, Kitty Gartman. Durante los cuatro años que duró su matrimonio el artista retrató a su esposa en múltiples ocasiones. Entre estos retratos destaca muy especialmente una de las primeras obras maestras del pintor: el óleo Joven con chaqueta negra (1947). Las constantes de la obra de Freud aparecen ya patentes en este magnífico lienzo, todo un ejemplo de equilibrio entre el espíritu contemporáneo y el respeto por la tradición pictórica.

 

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Interior en Paddington (1951). © Lucian Freud Archive/Bridgeman Art Library. Disponible en Liverpoolmuseums.org.

 

Durante la primera mitad de los años 50 Freud trabaja de forma ocasional en la Slade School of Arts de Londres. A lo largo de esos años desarrolla un gran interés por los pintores clásicos de todos los tiempos, especialmente por Alberto Durero e Ingres. Su técnica se vuelve más concreta y figurativa, si bien todavía conserva rasgos de sus primeras obras. En 1951, la obra Interior en Paddington gana el Purchase Prize del Consejo de las Artes de Gran Bretaña. Tras divorciarse de Kitti Gartman, Freud contrae matrimonio con Caroline Blackwood; a igual que su primera esposa, sería su musa en numerosas obras de la época.

1954 es un año fundamental para su trayectoria artística: junto con Francis Bacon y Ben Nicholson, Lucian Freud representa a Gran Bretaña en la 27ª Edición de la Bienal de Venecia. Es entonces cuando empiezan a surgir las voces críticas acerca de la controvertida modernidad de su obra pictórica: hay quien ven su arte como un retroceso, un “incipiente declinar de un arte que floreció demasiado pronto” (en palabras del crítico David Sylvester).

 

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Joven Desnuda (1966). ©Lucian Freud. Colección de Steve Martin. Disponible en Wikiart.com.

 

Los años del LSD

A partir de 1958, Freud empieza a pintar de pie. Su obra da un giro inesperado y sus retratos empiezan a mostrar una carnalidad excesiva, basada en la inconfundible pincelada que se convertiría en una de sus constantes y en una paleta de colores alejada de la realidad. Es probablemente en este momento cuando el auténtico artista empieza a despegar; a partir de entonces Freud comienza a crear los mejores retratos, interiores y desnudos de su carrera. No es hasta 1961 cuando decide volver a dibujar, aunque esta disciplina solo fue un “entretenimiento” menor para un artista con pasión por el lienzo y los óleos.

En los años 60 el artista crea una impresionante serie de pinturas, entre las que destaca Joven Desnuda (1966): un retrato cenital de una mujer de rostro angustiado, donde la pincelada y el color marcan y enfatizan los ángulos y los claroscuros del cuerpo. 

 

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Gran Interior W11 (1983). ©Lucian Freud. Colección privada. Disponible en Wikiart.com.

 

Durante los años 80, la producción pictórica de Lucian Freud alcanza su máximo esplendor: a esta época corresponden obras maestras como el Gran Interior W11 (1983). La inspiración le llega, de nuevo, de clásicos de la pintura como Watteau o William Turner. Entre 1987 y 1988 se pone en marcha la primera gran exposición retrospectiva de la obra de Lucian Freud, organizada por el British Council y el Museo Hirshhorn de Washington DC. La muestra viaja por París, Londres y Berlín. Durante los años 90 se suceden las exposiciones: entre ellas destaca la muestra Lucian Freud: Obra Reciente, que arrastró verdaderas multitudes a museos como el MoMA de Nueva York o el Museo Reina Sofía de Madrid. La obra de Freud alcanza relevancia mundial, siendo considerado uno de los artistas vivos más importantes de la época.

 

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Retrato de Leigh Bowery sentado. ©Lucian Freud. Disponible en Theartstack.com.

 

A lo largo de los años, además de pintar con modelos anónimos Freud retrató obsesivamente a las personas que eran importantes para él: su madre (cuyo primer retrato data de 1972, siendo el último un dibujo realizado junto al lecho de muerte en 1989), sus esposas, sus hijos y sus amigos. Los retratos del pintor Francis Bacon, y muy especialmente el magistral desnudo protagonizado por el actor y showman Leigh Bowery, revelan la capacidad de Freud para retratar el alma de los seres humanos a través de un estilo y un punto de vista tan personales como únicos. El artista también pintó a personajes ilustres, como el Barón Heinrich Thyssen-Bornemisza o la Reina Isabel II de Inglaterra. Freud falleció en el año 2011, a los 88 años y en su domicilio de Londres. Como comentó entonces su marchante, William Acquabella, fue un artista que “vivía para pintar, y pintó hasta el día de su muerte”.

Hoy día la obra de Freud está repartida por museos y colecciones privadas en todo el mundo, y es objeto de constantes estudios y exposiciones. La opinión de la crítica es ya unánime: el arte de Lucian Freud es un ejemplo de la modernidad que perdura en el tiempo, basado en la mejor de las técnicas y en una profunda comunión entre vida y creación.

Últimas exposiciones

Desde los años 90 del siglo XX, la obra de Lucian Freud ha viajado a distintos museos de todo el mundo. En exposiciones retrospectivas o como parte de muestras colectivas, sus pinturas, dibujos y grabados son admiradas de forma unánime por su potencia visual. 

 

Exposición retrospectiva de Lucian Freud en el MoMA. Nueva York, 2008.

 

 

Gran exposición retrospectiva de Lucian Freud en The National Portrait Gallery. Londres, 2012.

 

Exposición de grabados “Lucian Freud: Closer - Etchings of the UBS Art Collection”. Martin Gropius Bau. Berlín, 2017.

 

Exposición All Too Human. Obras de Francis Bacon y Lucian Freud en la Tate Britain. Londres, 2018.

 

Libros

La obra y la persona de Lucian Freud se han reflejado en distintas publicaciones. Entre ellas, 

A painter's progress. A portrait of Lucian Freud (2014). David Dawson. Ed. Alfred A Knopf.

Este libro recoge imágenes del pintor en la intimidad, en su trabajo y en su rutina cotidiana, realizadas por David Dawson (que fuera su ayudante, compañero y modelo durante cerca de 20 años). 

Lucian Freud. Portraits (2014). Sarah Howgate. Ed. Yale Univ. Press.

Un recorrido por los retratos más importantes realizados por el pintor, que centró gran parte de su producción en plasmar los rostros y( los cuerpos) de sus más allegados y de personalidades ilustres.

Freud. (2009). Sebastián Smee. Ed. Taschen.

Perteneciente a la Serie Menor de la editorial Taschen, este libro recoge lo más importante de la trayectoria de Lucian Freud con imágenes de alta calidad y magníficas reproducciones.

 

 

- Lucian Freud: Biografía, obras y exposiciones -                                   - Alejandra de Argos -

A los 10 años, una niña japonesa de nombre Yayoi Kusama entra en contacto con el mundo del color y la plástica. Enamorada desde entonces de los lunares (polka dot), empieza a realizar obras donde la fantasía y la realidad conviven en entornos en los que nada es lo que parece. Retratos de su madre plagada de lunares. Obras que pretenden reflejar las inquietantes alucinaciones que produce su propia mente… La solución que encontró Kusama para contrarrestar los efectos de su desorden mental fue, sencillamente, pintar aquello que veía. 

La niña Yayoi Kusama vive aún en sus Infinite Rooms, en los lunares que siempre vuelven, en las flores que brotan a medio camino entre el paraíso y el infierno. El mundo artístico de una de las creadoras contemporáneas más fascinantes tiene su origen en las pesadillas que nunca la abandonaron. Pero al crecer, despliega la belleza más especial ante los asombrados ojos del espectador.

 

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Imagen: Yayoi Kusama en plena creación. Foto: Vagner Carvalheiro. 

 

“Mi arte es una expresión de mi vida, en particular de mi enfermedad mental”. Yayoi Kusama.

Yayoi Kusama nació en Matsumoto (Japón) en 1929. Su infancia, adolescencia y juventud transcurrieron en una sociedad misógina, en la que la mujer tenía poco o nada que decir. Y mucho menos en el complicado campo del arte. En 1957, con  28 años se muda a Nueva York para buscar nuevas vías de expresión con las que dar salida a la vorágine artística que anidaba en su mente y en su espíritu. El bullicioso mundo artístico norteamericano y su predominancia masculina no impidieron que la artista llegara a convertirse en una de las creadoras más efervescentes, innovadoras y activas de su época (y de las que vendrían después). En forma de instalaciones o happenings; desde lienzos oversize a performances, la obra de Yayoi Kusama despliega desde entonces hasta hoy una variedad y una inquietud que no conocen barreras.

 

Nueva York (1957-1973)

 

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Imagen: All the eternal love I have for the pumpkins (2016) – Disponible en Dallas Museum of Art 

 

En Nueva York, la artista entra en contacto con figuras de la talla de Andy Warhol y Donald Judd. Vive en primera persona la explosión del pop art y la desbordante creatividad de los años 60 y 70, que influyen poderosamente en sus instalaciones llenas de luz, color y curvas. Es también el momento de sus famosas “esculturas blandas”, montajes realizados con telas y acolchados que desvelan un profundo temor (revelado por la artista) a la sexualidad y la penetración.

A finales de los años 60, el potente movimiento sociocultural que experimenta la escena norteamericana se apodera del espíritu de Yayoi Kusama. Ella lo abanderam creando obras en el campo del happening, las manifestaciones antibelicistas y la moda. También comienza a realizar películas a medio camino entre la cinematografía, el autorretrato y el arte, entre las que destaca Kusama Self-Obliteration (La autodestrucción de Kusama). Este filme obtuvo numerosos premios y supuso un paso de gigante para el reconocimiento artístico a nivel mundial de una artista tan innovadora como interesante.

 

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Imagen: Infinity Mirrored Room – Love Forever 1996. Foto: Le Consortium, Dijon, © André Morin, © Yayoi Kusama . Disponible en Tate Modern

 

1973 es el año del retorno de Yayoi Kusama a su Japón natal. Su talento se despliega entonces en múltiples facetas; desde la ya reconocida plástica, hasta la recién descubierta literaria. En 1983, su novela La cueva de los estafadores de Christopher Street gana el 10º Premio Literario para Autores Noveles de la revista Yasei Jidai. Los 80 son la década de las primeras grandes exposiciones de la artista, a nivel mundial: su obra viaja al Museo de Bellas Artes de Calais (Francia), a Nueva York y a Londres. Viajes que culminan con la presencia en 1993 en la Bienal de Venecia, donde su Jardín de Narcisos (fuertemente influenciado y promovido por el artista Lucio Fontana) habla al espectador acerca el narcisismo vital de la creadora utilizando como lenguaje su pasión por las flores, los espejos y las formas esféricas e infinitas.

 

Bienal de Venecia. Jardín de Narcisos

 

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Imagen: Yayoi Kusama en el Jardín de Narcisos, instalación creada para la Bienal de Venecia de 1993. Disponible en Khan Academy

 

Aunque Kusama no fue invitada de manera oficial a la Bienal, el apoyo moral y financiero de Fontana (y una autorización firmada por el presidente del Comité) permitió a la artista montar la instalación, formada por 1500 globos de plástico metalizado, en el exterior del Pabellón de Italia. Compo parte de la obra colocó dos carteles: “Narcissus Garden, Kusama” y “Your Narcissium For Sale” (Tu narcisismo, a la venta). Vestida con un kimono dorado y plateado, vendía las esferas plateadas a los asistentes a cambio de un dólar, acompañadas de comentarios halagadores sobre su trabajo. De esta manera, la obra se convierte en una crítica acerada a la comercialización del arte y su posición como objeto mercantil. Tras la experiencia, a partir de 1994 Yayoi Kusama empieza a trabajar en la creación de instalaciones y esculturas al aire libre.

 

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Imagen: Yayoi Kusama con obra reciente. Año 2016. Foto: Tomoaki Makino. Courtesy of the artist © Yayoi Kusama. Disponible en Hirshorn Museum 

 

Convertida ya en artista mundialmente reconocida y tras ver su obra recreada y expuesta en los mejores museos de todo el mundo, hoy Yayoi Kusama reside en un hospital psiquiátrico por voluntad propia. De él sale para trabajar en su estudio y continuar comunicándose con sus antiguas pesadillas,  origen primigenio de su inquieta (y siempre dinámica) obra. Como culmen de su trayectoria, en septiembre de 2017 abrió sus puertas el Museo Kusama de Tokio, un edificio de cinco plantas dedicado íntegramente a la obra de la fascinante creadora.

 

Yayoi Kusama habla sobre su vida y su obra en este reportaje realizado para el canal Tate Youtube 

 

Una obra convulsa y coherente

 

Si algo caracteriza a las obras de Yayoi Kusama es, sin duda, su intensidad. La artista, prolífica e innovadora, otorga una vida casi sufriente a todas sus creaciones. Desde sus primeras piezas, donde ya se percibía la presencia de la alucinación mental como parte indesligable de la estética, las obras de Kusama atrapan al espectador y le arrastran a una corriente de pasiones.

 

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Imagen: Accumulation Sculptures. Disponible en Museo Reina Sofía

 

  • Accumulation Sculptures. Además de las célebres performances y happenings que realizó en Nueva York durante los 60 y los 70, Yayoi Kusama creó en estas décadas sus célebres Acumulation Sculptures, en las que abandona la pintura en solitario para fundirla con formas tridimensionales. “Esculturas blandas” con claras reminiscencias fálicas y sexuales que se han convertido en un emblema de su trabajo.

 

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Imagen: Infinity Mirrored Room – Phallis Field (1965). © Yayoi Kusama. Disponible en Hirshorn Museum

 

  • Infinity Mirrored Rooms. Pero si hay algo por lo que la obra de esta artista sigue levantando pasiones (no hay más que recordar la retrospectiva programada por el Museo Hirshhorn de Washington durante la primavera de 2017, que rompió récords de visitantes), son sus mágicas Infinity Mirrored Rooms. Fue en los años 60 cuando Kusama empezó a trabajar en esta serie, formada por  habitaciones plagadas de espejos, formas y luces, que crean ambientes destinados a transmitir sensaciones. Espacios de paz, pero también de inquietud. De color y de austeridad. De bienvenida y de terror. Porque todas las sensaciones que forman parte de la vida de Yayoi Kusama se convierten en nuestras, cuando entramos (literalmente) en sus obras.

 

Yayoi Kusama es toda una leyenda del arte contemporáneo que a día de hoy continúa pintando sus sueños. Y por supuesto, sus pesadillas. Tan terribles, tan atractivas y fascinantes como las de todos.

 

 

- Yayoi Kusama: Biografía, obra y exposiciones -                        - Alejandra de Argos -

Además de ser uno de los artistas más cotizados de la actualidad (algo que, por cierto, a él le habría sentado bastante mal), Sigmar Polke representa la imagen del creador versátil e inconformista. La obra de Polke recorre todos los estilos que están presentes en el arte actual. Desde el realismo, hasta al pop art; desde el movimiento povera, hasta piezas en cuya creación interviene el azar.

 

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Sigmar Polke. Fredrik Von Erichsen—dpa/Landov - Encyclopædia Britannica Online.

 

Pero lo que hace de Sigmar Polke uno de los artistas más interesantes de las últimas décadas es que nunca se limitó a elegir un solo material o producto (óleo, acrílico, collage...) sobre los soportes que empleaba para sus obras. En su taller, Polke se entregaba a mezclar todo tipo de materiales, pero también a combinar muchos de los ingredientes de la cultura del siglo XX. Como resultado, su obra está llena de matices y de piezas donde la poesía es un ingrediente más, junto con el compromiso y la denuncia social.

 

De la escuela de vidrieras a la Staatliche Kunstakademie de Düsseldorf

 

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Vidriera de Sigmar Polke. Iglesia de Grossmünster. Foto: Roland zh

 

Polke nació en Silesia (hoy parte de Polonia) en 1941. Su familia tuvo que escapar a Alemania del Este tras la derrota de su país en la II Guerra Mundial. En 1953 la huída se repitió, en esta ocasión a la vecina Alemania Occidental. Con la familia afincada en Dusseldorf, el artista comenzó su trayectoria aprendiendo la técnica de las vidrieras, que muy pronto cambiaría por la carrera de Bellas Artes. A veces, no hay nada como estar en el lugar exacto en el momento propicio: y eso le sucedió a Polke, quien forjó su talento bajo la enseñanza de profesores como Joseph Beuys, Karl Otto Götz o Gerhard Hoehme.

Ya en 1963, Polke se alió con varios compañeros de estudios y amigos (entre los que se encontraba nada menos que Gerhard Richter) para poner en marcha su primera exposición colectiva en una carnicería vacía de la ciudad. Fue el pistoletazo de salida para la carrera del artista y de su compañero, quienes no tardarían en acuñar un concepto que iría ya ligado de forma definitiva al arte de ambos: Realismo Capitalista

 

El Realismo Capitalista, la alquimia y la provocación

 

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Freundinnen  1964-65 © The Estate of Sigmar Polke / DACS, London / VG Bild-Kunst, Bonn. www.alexkittle.com

 

El Realismo Capitalista nace inspirado en el realismo socialista, el movimiento "oficial" del arte de la URSS posterior a Lenin y de la China de Mao. Durante estos años, Polke mezcló con inteligencia parámetros heredados del nuevo arte norteamericano (con clara influencia de Warhol y Lichtenstein) con un realismo rancio plagado de estereotipos y símbolos polémicos (como la esvástica, prohibida en Alemania). El resultado fue una serie de obras que denuncian la inmersión de Alemania en la vorágine consumista y capitalista, pero también el anquilosamiento, el totalitarismo y la omnipresencia del gobierno de los bloques comunistas. Una corriente que queda marcada con obras icónicas como Freundinnen (Amigas), del año 1965.

A Sigmar Polke se le conocía también como el alquimista. En su taller mezclaba materiales, soportes y productos para dar un nuevo significado a la realidad y al arte. Sus obras, con formatos que van desde el más pequeño a la escala más monumental, son diferentes dependiendo de quién las mire, desde dónde las mire e incluso con qué humor se las mire. Pero el afán alquimista de Polke no se reducía solo al campo puramente técnico. Al igual que mezclaba productos imposibles con pigmentos, a partir de los años 60 empezó a fundir en su producción artística elementos políticos y críticos, salpicados de la tradición sarcástica alemana heredada de artistas como George Grosz.

 

Comprad, si os atrevéis

 

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Sigmar Polke Raster Drawing (Portrait of Lee Harvey Oswald) 1963 © The Estate of Sigmar Polke / DACS, London / VG Bild-Kunst, Bonn. Tate UK.

 

Esta investigación dio lugar a piezas llenas de intención política. Durante estos años Polke realizó obras tan provocadoras como su célebre retrato de Lee Harvey Oswald, pintado en 1963. Tras conocer las famosas pinturas donde Warhol repetía los rostros de Marilyn Monroe o Jackie Kennedy, Sigmar Polke decidió hacer lo mismo con una de las personas más odiadas entonces en la sociedad norteamericana: el supuesto asesino del presidente Kennedy. Su actitud fue casi un reto a la sociedad, una forma de decirle al mundo: "ahí tenéis esta obra, compradla si os atrevéis".

 

Los años del LSD 

 

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Sigmar Polke. Alice im Wunderland, 1972. Colección Privada. Foto: Wolfgang Morell
© The Estate of Sigmar Polke by SIAE 2016.  Eigth Art Projects

 

Los 70 fueron para Polke, como para tantos otros artistas, los años de la experimentación. El pintor se traslada a vivir a una granja comunitaria, donde experimenta con drogas como el LSD o los hongos alucinógenos, además de crear obras colectivas. Son años fecundos en creatividad: Polke realiza obras impactantes basadas en la mezcla y la superposición, e incluye en ellas nuevos materiales. A esta época corresponden sus fotografías manipuladas con agentes químicos, que parecen querer retratar la mente humana alterada por las drogas.

En 1972, Polke participa en la emblemática Documenta V; a partir de ese momento, su obra alcanza una popularidad que ya no abandonaría. Los 70 son también años de viajes a lugares como Afganistán o Líbano, donde la cámara fotográfica del artista capta momentos que más tarde transformará en obras.

 

 

El periodista Sarfraz Manzoor hace un exhaustivo repaso por la exposición retrospectiva Alibis: Sigmar Polke (1963-2010), en la galería londinense Tate Modern. 

 

Una ruptura y un renacer. El arte como reflejo de una sociedad convulsa

  

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Sigmar Polke. This is how you sit correctly (after Goya), 1982. Colección Privada, Baden Baden. Disponible en www.artchive.com.

 

Siendo ya un artista reconocido a nivel mundial, a principios de los años 80 Sigmar Polke se replantea su arte y decide romper con lo creado para volver a empezar. La experimentación de su arte se vuelve más convulsa, explosiva y radical. En estos años, utiliza para realizar sus obras productos inquietantes e incluso peligrosos: polvo de meteorito, pintura tóxica a base de arsénico, uranio... Polke se inspira en artistas del pasado que reflejaron los horrores de la guerra y del comportamiento humano. Entre ellos, la obra de Francisco de Goya ejerce sobre él una particular atracción. El imaginario del artista aragonés aparece en obras como This is how you sit correctly - after Goya (1982).  

Entretanto, con el telón de la Guerra Fría de fondo y las tensas relaciones entre las potencias mundiales, el escenario político se presentaba inestable y aterrador. Esta situación se refleja en el cambiante y sobrecogedor mundo que podemos ver en las obras realizadas por el artista durante estos años.

 

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Paganini . Sigmar Polke. 1982. Disponible en Saatchi Gallery. 

 

En las décadas posteriores el arte de Sigmar Polke siguió evolucionando en la misma línea. Sin abandonar sus referencias al pasado alemán, presentes en sus retratos de jóvenes nazis o en las esvásticas escondidas en obras como Paganini (1982), sus continuos experimentos con productos, materiales, soportes, transparencias o proyecciones generaron decenas de obras maestras. Piezas que a día de hoy forman parte de una de las trayectorias artísticas más compactas, coherentes, sorprendentes y provocadoras de la historia del siglo XX. 

 

Exposiciones destacadas

Tras el despegue que supuso para su obra la Documenta V, Sigmar Polke empezó a encadenar exposiciones colectivas e individuales. En un principio su obra se exhibió en galerías (y más tarde museos) alemanes, para después pasar a ciudades como París, Nueva York, Washington o Londres. Polke falleció en el año 2010, pero la magnitud y variedad de su trabajo hacen que actualmente sigan organizándose exposiciones de su obra en los mejores museos del mundo.

  • Nueva Obra – Sigmar Polke. Museo de Arte Moderno de la Villa de París, 1988. Una de las primeras exposiciones de la obra de Polke fuera de Alemania, que supuso el comienzo de la difusión de su obra a nivel mundial.
  • Sigmar Polke. Die drei Lügen der Malerei. Kunst- und Ausstellungshalle der Bundesrepublik Deutschland, Bonn, 1997. Posteriomente, esta muestra viajó a la Nationalgalerie im Hamburger Bahnhof, Museum für Gegenwart, Berlín (1997-1998). La exposición "Las tres mentiras de la pintura" gira alrededor de la obra del mismo título, creada por el artista en 1994. 
  • Retrospectiva. San Francisco Museum of Modern Art (SFMoMA). 1990. Fue la primera exposición retrospectiva del artista en los Estados Unidos. Posteriormente, esta muestra viajó al Hirshhorn Museum and Sculpture Garden, Smithsonian Institution, Washington, D.C.; al Museum of Contemporary Art de Chicago, y al Brooklyn Museum de Nueva York. 
  • Sigmar Polke: Photoworks. When Pictures Vanish. The Museum of Contemporary Art, Los Angeles (1995). Esta muestra llevó a los Estados Unidos las fotografías del artista, realizadas entre 1960 y 1995. 
  • Retrospectiva: Sigmar Polke. Museum Frieder Burda - Baden Baden (Alemania). 2007. 

 

 

 

  • Alibis: Sigmar Polke: 1963 – 1910. MoMA (Nueva York). Posteriormente, Tate Modern (Londres), 2014-15. 

 

 

 

 

  • Sigmar Polke. Palazzo Grassi - Venecia. 2016. 

 

 

 

  • Sigmar Polke: Música de un Origen Desconocido. Museo de Arte Moderno de México. 2017.

 

 

 

- Sigmar Polke: Biografía obras y exposiciones -                        - Alejandra de Argos -

 

  Marina Abramovic The Past The Present Future of Performance Art. Photo by David Leyes 

Foto por David Leyes

 

A primera vista, con Marina Abramović (Belgrado, 1946) parece confirmarse aquel trillado lugar común según el cual la mejor obra de arte sigue siendo siempre la de uno mismo. Sin embargo, como tantos otros tópicos recurrentes sobre el arte contemporáneo, limitan la riqueza y originalidad de una producción artística que, desde sus inicios y hasta nuestro presente, ha hecho del propio cuerpo un indispensable territorio para la experimentación, tomándolo como materia prima, como campo de batalla.

 

 

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imagen: retrato de Marina, disponible en www.cronicasyversiones.com

 

Abramović es la obra misma, en efecto, pero lo es sólo en la medida en que integramos esa variable dentro de una ecuación más compleja, fruto de una reflexión pionera sobre el sentido último de unas perfomances que, tras más de cuatro décadas de exploración creativa, han consolidado gracias a ella su lugar y su identidad más propios en el discurso posmoderno del arte. Como forma de arte visual, de arte como acción, las perfomances son experimentos que buscan identificar y transgredir los límites en el control sobre el propio cuerpo, también con respecto a la relación entre el público y la performer, cuestionando de raíz las fronteras taxonómicas en el arte tradicional basadas en una escisión entre sujeto-objeto. Al comprender su cuerpo simultáneamente como sujeto y medio, la indagación experimental de Abramović rompe con el carácter estático y la idea de temporalidad inherentes a la comprensión estética habitual, ampliando con ello las fronteras de la estructura dialógica de cualquier obra de arte.

 

 

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 imagen: fotograma de A House with the Ocean View (2002), disponible en https://vimeo.com/72468884

 

En las perfomances se juega, de acuerdo con la artista serbia, un intercambio emocional inmediato de energía con el público, de ahí que ese mismo público sea aquella otra pieza de la ecuación sin la cual la experiencia transformadora del arte sería vana e incompleta. En este sentido ha llegado a afirmar: "Nunca podría dar performances privadas, en casa, porque no tengo público [...] Cuanto más público hay, mejor la performance, más energía recorre el espacio. El público debe dar un paso histórico y volverse uno con el objeto".

 

 

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imagen: perfomance The artist is present (2010), disponible en www.mai.art (web del Marina Abramović Institute)

 

Desde sus inicios, la producción de Abramović se ha mostrado atrevida, provocadora y transgresora. Comenzó su carrera artística a mediados de los años 60 en su Belgrado natal, una formación que completó en Croacia y que la condujo hacia la docencia de Bellas Artes, en 1973, de nuevo en Serbia. Ya desde sus primeras acciones en la conocida serie Rythm (1973/74), enmarcadas en una arriesgada exploración del Body Art, la joven artista serbia indagaba, por un lado, en los límites de su cuerpo al dolor físico, al sufrimiento y a la automutilación, y, por el otro, las resistencias morales del público a sentir su mundo a través de aquellas experiencias personales de su cuerpo femenino. Era un trabajo en y sobre el cuerpo.

 

 

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imagen: Rythm 2 (1974), disponible en marinaabramovic.blogspot.com

 

Las diferentes variaciones de Rythm reflexionaban, a través de su corporeización, sobre temas universales como la muerte, el dolor, el tiempo y los límites entre la conciencia y la inconciencia, no menos que sobre los patrones de comportamiento de la mente. Así, mientras que en Rythm 2 se experimentaba con estados de lucidez de desgobierno corporal mediante la ingesta de píldoras de distintos efectos, en Rythm 0, una de sus perfomances más emblemáticas, la artista serbia se ponía, literalmente, a disposición del público, junto con 72 instrumentos de funcionalidades distintas –desde un lápiz, pasando por una polaroid o un perfume, hasta llegar a cuchillos, látigos, cadenas y una pistola cargada–, ofreciendo su cuerpo a una interactuación sin guiones ni tapujos.

 

 

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imagen: Rythm 0, disponible en www.upsocl.com

 

Los visitantes, en efecto, eran invitados a elegir un objeto cualquiera y usarlo con ella de la manera que les pareciera más interesante. Así, lo que empezó como una reflexión acerca de la confianza y el contrato social, acabó siendo una prueba palpable sobre la inclinación natural del ser humano a la violencia. "Lo que aprendí fue que, si dejas que el público decida, te pueden matar. Me sentí verdaderamente atacada: me cortaron la ropa, me clavaron las espinas de las rosas en el estómago, una persona me apuntó a la cabeza con la pistola y otra se la quitó". La falta de reacción de la artista había provocado que la violencia escalara de manera geométrica. "Después de exactamente seis horas, según el plan, me levanté y empecé a caminar hacia el público. Todos escaparon, evitando un enfrentamiento real".

 

 

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imagen: Rythm 0 (1974), disponible en ourpursuitofart.blogspot.com

 

La evolución posterior de la obra de Abramović debe mucho a su carácter inclusivo, a su voluntad de apertura constante al otro. En cierto modo, es su condición de posibilidad. Frente a la concepción unitaria y burguesa de una sola identidad artística, es decir, frente a la definición del individuo-artista concentrado en su obra como proyecto unitario, la apuesta de Abramović se construye siempre desde una interactuación emocional que asume como programática. 

Prueba de ello es que, desde desde finales de los setenta, sus acciones artísticas giraron alrededor de una inclasificable bicefalia artística que quiso compartir productiva y emocionalmente con su pareja, el artista y fotógrafo alemán Uwe Laysiepen, más conocido como Ulay. Bajo la denominación de The Other, Abramović y Ulay realizaron numerosos trabajos corales en los que sus cuerpos –siempre juntos, vestidos de la misma forma y con un comportamiento similar– creaban espacios adicionales para la interacción con el público. Partiendo de una relación profesional y sentimental de completa confianza, ambos gustaban de hablar de una "unidad andrógina", en cuyas acciones se corporeizaban los límites de las relaciones interpersonales, su efecto sobre el yo, el ego y la identidad artística. Basta con pensar en Relation in Time (1977), una de sus primeras perfomances juntos, donde se simbolizaba esa unión hermafrodita a través de sus cabellos íntimamente entrelazados.

 

 

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imagen: Relation in Time (1977), disponible en pomeranz-collection.com

 

De su colaboración nacieron proyectos arriesgados como Imponderabilia (1977), donde Abramović y Ulay se miraban desnudos en un pasillo muy estrecho justo en la entrada del museo, y pedían al público que pasara entre ellos, lo que provocaba que los asistentes terminaran rozando sus cuerpos totalmente desnudos. 

 

 

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imagen: Imponderabilia (1977), disponible en delir-arte.blogspot.com

 

Otras perfomances corales igual de llamativas fueron A-AAA (1978), donde ambos se gritaban el uno al otro en un pulso de poder diseñado para determinar cuál de los dos tenía la voz dominante. Más conocida es Rest Energy (1980). En ella, la pareja permanecía quieta durante horas sosteniendo un arco con una flecha que apuntaba directamente al corazón de Abramović, de modo que la fuerza de cada uno de ellos resultaba indispensable para mantener la tensión e impedir que la flecha fuese lanzada. A su vez, grabaron con micrófonos los latidos de sus corazones, ambos desbocados y acelerados, visibilizando así un estado de vulnerabilidad en el que la responsabilidad escapaba de sus manos. 

 

 

Marina Abramović  Rest Energy 1980

imagen: Rest Energy (1980), disponible en www.altrevelocita.it

 

The Other, tanto como apasionado romance como producto artístico colaborativo, tuvo su simbólico final en aquella famosa escenificación de 1988 titulada The Lovers. También aquí, la doble ruptura emocional y profesional quiso ser obra de arte, representándose como viaje a pie, cada uno por separado, desde los dos extremos opuestos de la Gran Muralla China, hasta encontrarse a mitad de camino. Tres meses de larga y solitaria caminata desembocaron en un último abrazo, en una despedida física y comunicacional casi definitiva –tardarían 23 años en volver a verse–, que buscaba escenificaba el desgaste de su relación con el desgaste físico y emocional causado por recorrer más de 2000 kilómetros. En cierto modo, se trataba de un final romántico, inclasificable y heterodoxo, cargado de emotividad y misticismo.

 

 

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imagen: The Lovers (1988), disponible en http://inkultmagazine.com

 

Considerado con retrospectiva, la posterior reinvención en solitario de Abramović permite definir aquella ruptura como punto de inflexión decisivo en su carrera. Cierta distancia y sobre todo importantes viajes, como por ejemplo a Brasil, permitieron un resurgimiento creativo en la década de los noventa que partía ya de la asunción consciente de que su vida y su arte serían parte inseparable y fundante de todas sus futuras producciones. Con ello, aunque el cuerpo seguía teniendo un protagonismo indiscutible, la perfomance evolucionaba también como espacio para la liberación de los fantasmas personales, latentes o no, al mismo tiempo que ensayaba nuevas formas performativas cualitativamente distintas de relacionarse con la realidad.

Un ejemplo ilustrativo, desde principios de los noventa, fueron las instalaciones objetuales que ella definió bajo el paraguas de Transitory Objects, en las que se mostraba ya un nuevo campo de trabajo. Al incorporar a sus acciones materiales naturales como piedras semipreciosas, huesos o imanes, Abramović no buscaba en ellos una función autónoma, a la manera de una escultura, sino que las utilizaba para generar experiencias y energías, en cierto modo, como rituales de la vida cotidiana. Incluso podían ser objetos vivos. Basta con recordar, en relación a los inicios de esta segunda época, la serie Dragon Head, realizada entre 1990 y 1994, donde la artista se sentaba inmóvil con varias pitones que se deslizaban hambrientas alrededor de su cuerpo –no habían ingerido alimento alguno desde hacía dos semanas–, en una imagen de fuertes resonancias mítico-femeninas.

 

 

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imagen: recreación Dragon Head (2010), disponible en mai.art

 

Más impactante resultó, por su violenta actualidad, la obra Balkan Baroque (1997), galardonada aquel mismo año con el León de Oro en la Bienal de Venecia. Ampliando la temática de los esqueletos humanos ensayada ya en Cleaning the Mirror (1995), Abramović reactualizaba la putrefacción del horror bélico en la Guerra de los Balcanes a través de una instalación de video en la que, además de aparecer sus propios padres proyectados en las paredes, ella misma se situaba en medio del espacio, lavando una montaña de 1500 huesos frescos de ternera, manchados de sangre, mientras cantaba canciones tradicionales de su niñez. La dramatización consagraba sin duda el fuerte barroquismo conceptual de su escenografía, pero lo hacía con una carga política creíble y sincera.

 

 

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imagen: Balkan Baroque (1997), disponible en www.tropism.it

 

La consagración artística de Abramović ha sido incontestable desde el cambio de milenio. Es cierto, por un lado, que la acción en sus distintas obras se ha minimizado hasta convertirse casi en pura presencia. Vida y obra se anudan en Abramović como presencia absoluta, como tiempo congelado, dimensión en que se busca la elevación del espíritu del público, no tanto a través de la conmoción emocional directa, la sorpresa performativa o el compromiso brechtiano, sino a través de otros mecanismos más energéticos como el silencio, la meditación y el éxtasis: "Crear un tipo de obra que esté casi vacía de contenido pero que conserve una clase de energía pura que eleve el espíritu del espectador", afirma en una entrevista a Klaus Biesenbach en 2008.

Es inevitable pensar, con respecto a esta tendencia, en la inolvidable perfomance The artist is present, una agotadora pieza presentada en marzo de 2010 con ocasión de la retrospectiva del MoMa dedicada a toda su obra (la más importante hasta la fecha, con más 50 piezas de exposición, incluyendo performances, instalaciones, videos, fotografías y colaboraciones, a los cuales se le sumaría un posterior documental de nombre homónimo). A lo largo de tres meses, Abramović permaneció sentada en el hall del museo neoyorkino durante más de 700 horas (a lo largo del horario de apertura del museo y de forma ininterrumpida), permitiendo que, por turnos, más de 1800 visitantes se sentasen frente a ella en silencio, separados por una sola mesa, compartiendo la imperturbable presencia de la artista durante el tiempo que considerasen necesario.

 

 

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imagen: The artist is present (2010), disponible en www.filmswelike.com

 

Como desafío al tiempo, como reflexión sobre la alienación emocional en nuestra sociedad actual, la exitosa pieza recreaba una experiencia inmediata entre artista y espectador, sin necesidad alguna de comunicación verbal, demostrando que, precisamente en una de las mayores urbes del planeta, las carencias comunicacionales de nuestros frágiles cuerpos se hacían tanto más palpables. También hubo momentos para la pura sorpresa: tras 23 años de separación, Ulay apareció inesperadamente el mismo día de la inauguración. El estremecimiento de Abramović al verlo es evidente, y fue con el único con el que tuvo contacto físico después de hablarle solo con la mirada.

 

 

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imagen: reencuentro con Ulay en The artist is present (2010), disponible en www.visualnews.com

 

Por otro lado, no es menos cierto que la diversificación de formatos y modalidades de hablar sobre la vida/obra Marina Abramović ha sido una constante en la producción de los últimos años, más consciente del alcance global de su propuesta. Sin ir más lejos, la muy celebrada colaboración con Robert Wilson en la ópera experimental The Life and Death of Marina Abramović ahondaba en la idea del hilo conductor de su vida (y sus distintas muertes) como soporte narrativo, uniendo fuerzas con otros grandes artistas como Antony, Willem Dafoe o el propio Wilson.

 

 

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imagen: Marina Abramović y Antony en The Life and Death of Marina Abramović , disponible en www.robertwilson.com

 

Como reflexión final, cabría preguntarse si, al concentrar sus más recientes esfuerzos en una constante revisión y metarreflexión sobre su prolífica obra, la potencia del mensaje creativo de Abramović se ha visto mermada por un éxito planetario que, sin poder evitarlo, ha transformado el alcance, el sentido y el efecto de sus perfomances. ¿Pueden hoy día transmitirse los mismos conceptos y temas que hace veinte o treinta años? A la vista de la modificación de los medios y espacios de comunicación artísticos, ¿no se tratarían, más bien, de experiencias cualitativamente distintas?

 

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imagen: taller sobre slow-motion dirigido en la Whitworth Galley, Manchester (2009), disponible en passengerart.com

 

El arte como acción, el arte vivo hecho por artistas con su propio cuerpo, se inscribió en coordenadas que no contaban ciertamente con el hecho digital, con el carácter efímero de la hiperinformación, igual que no contemplaba un escenario de banalización y sacralización absolutas de aquellos otros performers anónimos de nuestro siglo XXI, tal como aparecen por ejemplo en Youtube. En todo caso, la definición clásica de la performance como acción que tiene lugar en un tiempo limitado necesita una urgente revisión, para lo cual quizá el Marina Abramović Institue (MAI), inaugurado en 2015 en el Estado de Nueva York, ofrezca un think-tank multidisciplinar adecuado para pensar y ejercitar los lugares del arte colaborativo y experimental en nuestras sociedades actuales partiendo del legado de la artista serbia. La "abuela de la perfomance", con 70 años recién cumplidos, todavía tiene cuerda para rato.

 

 

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imagen: campaña promocional del Marina Abramovic Institute, disponible en mai.art

 

Ver: Entrevista a Marina Abramovic

 

 - Marina Abramovic: Biografía, obra y exposiciones -                                                                                 - Alejandra de Argos -

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